China convierte humo de centrales de carbón en fertilizante barato para sus campos

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La lucha contra el cambio climático y la búsqueda de una agricultura más sostenible acaban de cruzar sus caminos de una forma sorprendente en China. Un nuevo proceso industrial implementado en una central térmica de carbón está logrando convertir las emisiones contaminantes de las chimeneas directamente en fertilizantes, en lugar de recurrir a la práctica habitual de almacenar el carbono bajo tierra. Según han descrito los medios del país asiático, se trata de un sistema cerrado en el que los gases de escape de la combustión entran por un extremo de la tubería y, por el otro, emerge un producto listo para nutrir los cultivos.Este método supone una evolución de las tecnologías de captura de carbono tradicionales, las cuales se encargan de retirar el dióxido de carbono de las emisiones industriales antes de que llegue a la atmósfera. En la mayoría de los proyectos actuales, el CO2 extraído se comprime hasta alcanzar un estado líquido y se transporta para su almacenamiento subterráneo a largo plazo en formaciones geológicas específicas. Sin embargo, estas infraestructuras son muy caras y dependen enormemente de la geología local, lo que dificulta su expansión. Al reutilizar el gas capturado como materia prima, esta nueva técnica crea un vínculo directo y más económico entre la reducción de emisiones y la fabricación de productos agrícolas.De gas contaminante a recurso agrícola de alto valorEste fertilizante lo han probado en campos de arrozLa clave científica detrás de este avance, implementado por la empresa Jiangnan Environmental Technology, reside en el uso del amoníaco. El proceso consiste en utilizar este compuesto para absorber tanto el dióxido de azufre como el dióxido de carbono liberados durante la quema del carbón. Posteriormente, estos gases capturados se transforman en sulfato de amonio y bicarbonato de amonio, dando como resultado un fertilizante útil y válido a nivel comercial. Esta técnica se apoya en décadas de progreso en el control de emisiones industriales, superando los antiguos métodos de piedra caliza y yeso que generaban enormes cantidades de residuos, y ampliando los sistemas de desulfuración basados en amoníaco para capturar simultáneamente el carbono.Cabe destacar que la eficacia del sistema ha superado las expectativas, ya que consigue capturar alrededor del 90 % de las emisiones de carbono generadas en el proceso. En agosto de 2025, un proyecto piloto basado en esta tecnología comenzó a operar en una central térmica de carbón en la ciudad de Ningbo, situada en la provincia de Zhejiang. Esta innovadora instalación ha sido diseñada para capturar aproximadamente 10.000 toneladas de CO2 al año, produciendo a su vez unas 30.000 toneladas de fertilizante como subproducto. El objetivo principal de este proyecto en activo es poner a prueba la escalabilidad de fusionar la captura de emisiones con la producción de abonos a nivel industrial. China lo hace todo a lo grande, y esta megacentral nuclear viene para cambiar las cosas: alimentará con su energía a cinco millones de personas Dejando de lado este beneficio climático, los resultados agronómicos son muy prometedores. Un estudio publicado en 2025 reveló que el fertilizante producido a través de este proceso incrementó el rendimiento de las cosechas de arroz en un 6,2 % en comparación con los cultivos tratados con abonos convencionales. Los investigadores también señalaron un beneficio ambiental adicional de gran relevancia: una reducción notable en la escorrentía de nutrientes. Los niveles de nitrógeno, fósforo y potasio que se filtraban hacia el medio ambiente circundante resultaron ser significativamente menores que los asociados al uso de fertilizantes tradicionales.Para asegurar que esta innovación puede aplicarse a nivel global, el fertilizante ya está siendo sometido a ensayos en diversos países, incluyendo España, Alemania, Francia, Brasil e Italia. Estas rigurosas pruebas tienen como finalidad evaluar el comportamiento del producto en una amplia variedad de suelos, climas y condiciones agrícolas. Por si fuera poco, a las ventanas medioambientales se suma un fuerte incentivo económico, ya que se estima que el cambio a este tipo de abono derivado de emisiones podría reducir los costes de los agricultores hasta en un 50 %..image img { width: 100% !important; height: auto !important; }