El tratado de paz en Irán se aleja del horizonte. Puede ser que se firme un armisticio, pero no la paz. Ese concepto no está al alcance de una región que posee marcas tan profundas, en la cual hasta el más mínimo resquicio de esperanza se ha barrido. Cuando se inició este siglo y ocurrieron los atentados a las Torres Gemelas se hizo evidente la agenda occidental del petróleo. Las guerras por la supuesta democracia se daban solo en países que disponían de grandes reservas. Hoy eso no ha cambiado. Todo lo que se ha hecho en el Golfo Pérsico es para manejar el mercado de los hidrocarburos, sobre todo el petrodólar. La lista ha sido larga, desde Afganistán e Irak hasta Irán pasando por Libia (destruida totalmente). Este hecho marca una de las tendencias que han enterrado el derecho internacional: se hace la guerra para el saqueo de recursos y por ende se pasa por encima del Consejo de Seguridad y la normativa.La judicialización de la política de forma selectiva ha acompañado estos mecanismos de control social y de recursos. Aquellos que no forman parte de la agenda del petróleo desaparecen bajo supuestos cargos. Las narrativas y las redes sociales han contribuido mucho a que eso pase. Más que nada porque, para quienes imponen la guerra, sigue siendo necesario un viso de cierta lógica. Se trata de países en los cuales la élite vive una ilusión democrática. Sin embargo, el tema de la invasión a Irán está marcando negativamente la imagen de Occidente y su clase política, no solo por lo antes expuesto, sino por la imposibilidad de las fuerzas combinadas de Estados Unidos y de la OTAN para desactivar el ejército iraní. Suceso sin precedentes en esa zona, donde las viejas potencias llevan siglos mayoreando. El cuestionamiento bélico constituye un importante terremoto en quienes viven de la imagen de fuerza. Básicamente el complejo militar industrial norteamericano se ha visto en apuros, pues se demostró la efectividad de una guerra asimétrica donde Estados Unidos gasta millones e Irán apenas unos miles por unos drones baratos que colocan en apuros a los portaaviones.Todo eso no es necesariamente un camino que conduzca a la paz, sino a la frustración occidental y eso es peligroso en términos del uso de la fuerza. Ya ha trascendido que altos mandos norteamericanos se han negado a dar prerrogativas al poder ejecutivo sobre la cuestión nuclear. Se sabe que ese es el punto de no retorno, pero la torpeza todo lo puede poner en peligro. Donald Trump necesita ganar las elecciones de noviembre. No porque eso determine su permanencia como poder ejecutivo, sino su agenda. Se sabe que a partir de perder las cámaras pasa a nombrarse lo que en política norteamericana se conoce como “pato cojo” o sea un ente que no posee poder real. Todo el sentido de su mandato se basa en el manejo total de los estamentos del Estado, para lo cual ha hecho lo indecible incluso en el poder judicial. El MAGA no es un partido político —como mismo ha dicho Trump— sino un movimiento de regeneración nacional desde la derecha. Su agenda no solo está en la centralidad del conservadurismo, sino que necesita de la sustancia de la dictadura para proseguir. Entonces la erosión causada por las elecciones no será beneficiosa para el maguismo. Las elecciones —al menos así lo ve Trump— dependen del éxito en política internacional de su corolario. El golpe en Venezuela fue usado de manera positiva por los asesores de imagen. Irán es el intento de reedición. Pero los republicanos necesitan un resultado concreto para poderlo mostrar al electorado.La paz en Irán es quizás más necesariamente desesperada para Estados Unidos que para Teherán. Los iraníes han demostrado que no están apurados en un armisticio hasta tanto no les dé garantías. Eso es grave para Occidente que pierde capacidad de persuasión mediante la fuerza. Israel tiembla ante esta realidad geopolítica en la cual ya no lograron arrodillar a un adversario. Y si bien las narrativas de los medios occidentales han hecho su agosto, nada puede tapar el hecho de que Irán maneja el Estrecho de Ormuz y lo usa como un arma de destrucción masiva contra el sistema financiero de Occidente, creándole inestabilidad y forzando a las élites.El poder norteamericano desea presentar un resultado para sostener una narrativa. Irán quiere una solución real. Las diferencias entre las agendas son grandes. Estados Unidos detiene la guerra de forma momentánea para recuperar aliento y volver a atentar contra el equilibrio de la región. Irán aspira a que haya equilibrio. La salida no está a la vuelta de la esquina, no es fácil ni siquiera es alcanzable. Luego de las negociaciones lo que nos queda en claro es que Estados Unidos ha hecho una guerra por los recursos y para taponear la venta de petróleo en el mercado y usarla a su favor. Todo salió mal, los precios subieron, el Golfo está cerrado para Occidente, pero abierto para Irán y sus socios. La geopolítica posee sus normas y esta vez no hay resultados que mostrarles a las bases del partido republicano.Una invasión terrestre tendría tintes distópicos para Estados Unidos. Si no la han realizado eso es la prueba mayor de que la paz está lejos, pero la supuesta victoria occidental no pasa de ser una simple narrativa.