Las excavaciones que se están llevando a cabo en el yacimiento del ‘Cerro Macareno’, en La Rinconada, han permitido sacar a la luz los restos de una posible industria vitivinícola datada inicialmente en el siglo V antes de Cristo. Los hallazgos aportan nueva información sobre la ocupación de este enclave, cuyo origen se remonta al siglo VIII a.C., según los datos facilitados por el Ayuntamiento de la localidad.En la zona conocida como ‘Corte 2’ se ha documentado un área de carácter artesanal situada entre finales del siglo V y principios del IV a.C. Este sector se integra dentro de un conjunto arqueológico más amplio, en el que se han ido identificando diferentes fases de ocupación y actividad humana a lo largo de varios siglos.El director de la intervención, el profesor del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla Francisco José García Fernández, ha explicado que los trabajos actuales continúan la excavación iniciada el año anterior y se centran en la extracción de estructuras industriales situadas en la parte superior del yacimiento, fechadas entre finales del siglo V y comienzos del IV a.C. En este contexto, se han localizado pequeños hornos de cerámica junto a un horno metalúrgico de probable uso para la producción de cobre, que ha aparecido en un estado de conservación notable, con sus elementos prácticamente intactos, lo que permitirá analizar con mayor precisión los procesos de fabricación.Paralelamente, los arqueólogos están excavando y vaciando estancias que ya habían sido identificadas en la campaña anterior. Estas estructuras incluyen habitaciones de carácter doméstico, talleres y espacios de cocina, que habrían estado vinculados a actividades de transformación agrícola, a tenor de la abundancia de semillas y restos de fauna hallados en el interior de los niveles arqueológicos.Pepitas de uvaDurante la visita al yacimiento, el equipo investigador ha destacado el hallazgo de miles de pepitas de uva, un indicio que refuerza la hipótesis de que el entorno del Cerro Macareno estaría rodeado de viñedos y que podría haber albergado una actividad relacionada con la producción vinícola. Estos datos apuntan a la existencia de una economía agrícola y transformadora en la zona durante el periodo estudiado.En cuanto a la organización del espacio excavado, se han identificado varias estancias con funciones diferenciadas, algunas destinadas a usos domésticos básicos, “básicamente estancias para comer y para dormir”, y un espacio central, probablemente semiabierto, que habría funcionado como área de cocina con una intensa actividad. Todo el conjunto constituye, según los investigadores, “un dato de gran interés”, al permitir documentar un periodo poco conocido en el bajo Guadalquivir, correspondiente al siglo V a.C., en un momento de transición entre el mundo tartésico y el turdetano, además de revelar una compleja secuencia de ocupación con niveles de hábitat, abandono y posterior reocupación.