Berta, madre de 10 hijos: «Le das una pelota a los chicos y son felices. Nosotras tenemos un mecanismo más complejo»

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Las diferencias en el comportamiento de hombres y mujeres se forjan desde las primeras etapas de la infancia, paralelamente a las físicas. Unos y otras empiezan a una edad temprana a desarrollar y aprender conductas que les diferenciarán más claramente en la adultez. Los padres de familias numerosas tienen la a menudo difícil tarea de acompañar a sus pequeños en su camino de madurez de forma simultánea, cada uno en la etapa en la que se encuentre. Si tienen niños y niñas, se encontrarán con que unos y otras llevan ritmos distintos y que no comparten totalmente sus intereses. Berta Lamas ha experimentado esta realidad en primera persona. Tiene una gran familia junto a su marido, Eduardo García de los Ríos, y durante muchos años ha tenido que aprender a acompañar a sus hijos e hijas de la mejor manera en cada caso. El reto ha sido mayúsculo, ya que la pareja tiene 10 hijos . Eduardo, Patricia, Daniel, Alejandro, Carlos, David, Pablo, Nacho, Inés y Berta tienen entre 34 y 9 años. Este paréntesis de edad ha generado que durante años, las conversaciones, los pasatiempos y las relaciones paterno-filiales fueran muy diversas dentro de la misma casa. «Hay mucha diferencia entre una familia con muchos chicos, varones, a una familia con chicas», afirma la madre en uno de sus últimos vídeos de Instagram. Ha vivido intensamente los dos lados de la moneda: «Yo me he criado entre tres hermanos varones y no tengo hermanas, y he criado a siete tíos» y ahora comparte muchos ratos con sus cuñadas. Viendo a unos y a otras, ha llegado a esta conclusión: «Los chicos son los graciosos. Tienen, tienen una pizca irónica, un toque de guasa». Sus hijos y sus hermanos han cumplido esta máxima y ahora lo confirma cuando ve a sus nietos. «Entonces, mis hijos son así, son guasones, se pasan todo el día haciendo tonterías y chorradas que yo como mujer no las haría nunca. Jamás me pondría a embadurnarme con crema o hacerme como una croqueta, como hizo mi hijo mayor ayer en la playa», cuenta. Cuando está junto a ellos, se amolda a su comportamiento, a sus chistes y gracias, aunque no son los que le saldrían a ella de forma natural: «Entonces, cuando estamos todos juntos, pues ellos están siempre de guasa, están peleándose, se relacionan pegándose, se insultan de broma, hacen tonterías, se mueren de la risa». Su impresión acerca de las chicas es otra: «Nuestro mecanismo es más complejo. Pero yo veo como mis nueras o mí, mis hijas y yo estamos con las gafas y miramos y decimos: 'Dios, o sea, qué horror, ¿no?'». Las mujeres de la familia son más sosegadas que los varones. Mientras ellas tienden a la reflexión y a la intimidad, ellos prefieren la actividad física: «Les das una pelota y con, y con una pelota son felices, y nosotras tenemos un mecanismo más complejo».