Jódar remonta a un mermado Carreño y se estrena en los cuartos de un Grand Slam

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Rafa Jódar escala otro nivel en su vertiginosa carrera hacia la élite. Por primera vez estará en los cuartos de final de un Grand Slam tras superar a Pablo Carreño en el duelo fratricida y generacional (19 años frente a 34) que lo deja ya como único representante español en París. Es el cuarto que alcanza esta ronda antes de cumplir los veinte años, después de Albert Costa, Rafa Nadal y Carlos Alcaraz. No lo tuvo fácil el madrileño, que cedió las dos primeras mangas ante el oficio de su contrincante y llegó a verse fuera del torneo. Le tocó remar, ajustar el saque y elevar el peso de sus golpes para superar la resistencia del asturiano, al que también le pasó factura el físico a partir del tercer set. Fue Carreño un rival dignísimo y se marchó ovacionado. Y conviene resaltarlo. Quien fuera top 10 mundial, dos veces semifinalista de Grand Slam y campeón del Masters 1.000 de Montreal se ha acostumbrado a disputar fases previas y challengers en la búsqueda de un último paso por la élite. Es así desde que a finales de 2022 comenzara un calvario de lesiones del que nunca ha terminado de escapar del todo. Justo antes de viajar a Roland Garros tuvo que abandonar un challenger en Valencia por sus recurrentes molestias en el hombro. Esa misma articulación le dio otro aviso esta vez, cuando ya veía cerca su primera presencia en los cuartos de final de un Grand Slam desde 2020. Antes, eso sí, se permitió someter a una de las grandes revelaciones de la temporada, si no la mayor. Impecable su pelea y su capacidad para responder al 4-1 inicial que le colocó Jódar a base de agresividad y potencia. No se alteró el gijonés, que esperó su momento y empezó a alargar los peloteos, a estirar cada punto. Armado de paciencia, la misma que le ha hecho resurgir en el circuito tras caer más allá del número 600 del ranking, Carreño desperdició hasta siete oportunidades de rotura antes de lograr la primera, pero a partir de ahí ya no frenó. Después encadenó ocho juegos más para apuntarse el primer set y dejar muy encarrilado el segundo. Al otro lado de la red, Jódar empezaba a desesperarse. El juego variado y fluido de Carreño le generaba muchísimas dificultades. No encontraba la forma de hacerle daño y le molestaba hasta la gorra, de la que se desprendió cuando ya marchaba 3-0 abajo en esa segunda manga. Su atisbo de reacción llegó demasiado tarde. Mejoró con el saque, muy errático durante buena parte del partido, y también consiguió incomodar el servicio de Carreño después de muchos juegos sin hacerlo. Con 4-3 se acercó a la igualada, pero el asturiano tiró de oficio para cerrar el paso a la remontada y llevarse también el segundo set. Para entonces, Jódar ya sabía que, si quería alcanzar los cuartos, necesitaba otra proeza y muchos más minutos en la pista. Pero no piensa en ello. O trata de no hacerlo. En lugar de eso, se centra solo en el próximo punto. Y después, en el siguiente. Necesitaba una señal de que la remontada era posible y llegó en el cuarto envite del tercer set. Un juego en blanco al resto que recuperó al Jódar del inicio, el de las derechas profundas y definitivas. El madrileño volvió a sumar golpes ganadores con facilidad, eliminó los errores no forzados y, en un suspiro, estaba de nuevo metido en el partido. Carreño hizo saltar las alarmas tras requerir la presencia del fisio, que le trató el hombro derecho durante unos minutos antes del comienzo de la cuarta manga. La exigencia previa del asturiano en el torneo había sido inferior a la de Jódar (victorias ante Lehecka en tres sets, ante Kokkinakis por retirada después de dos sets y ante Tirante en cuatro), pero cualquier molestia, cualquier contratiempo, alimenta las dudas cuando el hombro vuelve a entrar en escena. Jódar detectó la grieta y apretó con todo lo que le daba su descaro competitivo. Carreño solo sumó cuatro puntos en los últimos cuatro juegos del set, que volvió a caer en manos del madrileño a velocidad de vértigo. Con todo igualado de nuevo, aunque con dinámicas bien distintas, la lluvia amenazó con retrasar el desenlace mientras Carreño volvía a tratar su castigado hombro en el vestuario. Pero el agua respetó el esfuerzo de los jugadores y no hizo falta echar mano de la cubierta de la Suzanne Lenglen. Lo que no cambió ya fue el guion. Jódar, lanzado y cada vez con más confianza en sus golpes, resistió el último arreón de orgullo de Carreño. Pero el tenis llevaba ya demasiado tiempo de lado del madrileño. El break llegó en el tercer juego, y Jódar lo consolidó después con una extraordinaria contradejada cruzada que fue el principio del final. Carreño perdió su siguiente servicio en blanco y aceleró la celebración de Jódar, que un así necesitó cinco bolas de partido para terminar de tumbar a su rival.