Los seis miradores que no te puedes perder en Madeira

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Si quieres poner a prueba tu miedo al vértigo no hay nada como visitar la isla de Madeira. Sus empinadas montañas y sus verdes valles interiores concentran puntos panorámicos magníficos y, si te acercas al Océano Atlántico, te cautivará la costa repleta de acantilados y la inmensidad de un mar infinito . Aquí tienes los imprescindibles, los más famosos, pero la isla regala en todos sus puntos cardinales vistas inigualables. Si las brumas no lo impiden, se puede subir en coche hasta el Pico do Arieiro, la tercera cumbre más elevada de la isla con sus 1.818 metros para proseguir por otro sendero hasta el techo de la isla, Pico Ruivo (1.862 m.), para observar el espectáculo de las nubes que ascienden aceleradamente la vertiente norte y se despeñan en el valle del Curral das Freiras (el establo de las monjas), también admirable desde el Miradouro Eira do Serrado . Este pico ofrece una amplia perspectiva de la cordillera central de Madeira. Se puede divisar la Ponta de Sao Lourenço, el Curral das Freiras y en días despejados la isla de Porto Santo. Se recomienda a los aficionados a la fotografía tomar imágenes durante el amanecer si las nubes no cubren el paisaje. Además del paseo al Pico Ruivo se puede tomar la Vereda do Areeiro que conduce al Pico das Torres (1.851 m.). Emplazado a 1.095 metros de altitud , el mirador regala una vista panorámica de la parroquia de Curral das Freiras , a unos 23 kilómetros al norte de Funchal, sobre una placa de basalto invadido por la vegetación al fondo de una fosa volcánica recorrida por la ribeira dos Socorridos. Debe su nombre a partir de un refugio del siglo XVI en el que se refugiaron varias monjas. El punto de observación está rodeado por un puñado de montañas verdes tradicionales de Madeira y se accede a él a través de un sendero que comienza junto a la Estalagem da Eira do Serrado . Otro mirador imprescindible está situado en Cabo Girao, el más elevado de Europa a 580 metros de altitud, que luce su popular plataforma de cristal suspendida conocida como 'Skywalk' . Desde este punto se divisan los municipios de Cámara de Lobos y Funchal y el Cabo Girao donde llaman la atención las áreas de cultivo al pie de los acantilados. Estos enormes bloques son utilizados también por los aficionados al parapente. Encontrarás el Cabo de Girao en el municipio de Cámara de Lobos, muy cerca también de la Capilla de Nossa Senhora de Fátima, un lugar de peregrinaje construido en 1951. Dista de Funchal unos 20 kilómetros. Más al este, en el extremo oriental de la isla, también sorprende el paisaje agreste y seco de esta punta que ofrece un paisaje único con vistas de los lados norte y sur de Madeira , donde el Océano Atlántico choca contra escarpados acantilados rojos. El lugar es en realidad una península volcánica, mayoritariamente basáltica pero con algunas formaciones de sedimentos calcáreo, de 9 kilómetros de longitud a la que se añaden dos islotes (el Ilhéu do Desembarcadouro y el Ilhéu do Farol) con una vegetación baja sin árboles debido a los fuertes vientos del norte y al clima semiárido de la zona en la que proliferan plantas raras endémicas y fauna diversa de aves, como pardezas y zancos de cuello negro, e incluso a veces de leones marinos o focas monje del Mediterráneo. El mejor acceso a esta reserva natural que se halla a unos 40 minutos de Funchal es por la Vereda da Ponta de Sao Lourenço por un sendero de unos 7 kilómetros (ida y vuelta). Es de dificultad media y tiene una duración estimada de dos horas y media. Al final del paseo se encuentra el Centro de Naturaleza Casa do Sardinha , donde se puede tomar un refrigerio y desde este punto un sendero corto pero inclinado lleva al Pico a Furado , el punto más alto de la península, con vistas panorámicas. Los que descartan esta opción pueden acercarse a una pequeña playa de guijarros próxima a la Casa do Sardinha y refrescarse en el océano. En este mirador declarado Monumento Nacional en la península de São Lourenço, puedes admirar las bellas rocas de colores de los acantilados. Lo descubrirás en la parroquia de Caniçal , en el extremo oriental de la isla, y merece especial atención por la riqueza subyacente de su flora y fauna con una de las colonias de gaviotas más grandes de la región Es muy popular en la antigua carretera que une São Vicente con Seixal en la costa norte de la isla ya que se puede admirar una cascada de 35 metros que se precipita directamente al Océano Atlántico, pareciendo un velo romántico de un vestido de novia. Se trata de la desembocadura suspendida de la Ribeira de Joao Delgado . De camino a las piscinas naturales de Moniz, hay un pequeño aparcamiento junto a la carretera principal donde puedes detenerte a admirar los acantilados y este salto.