Cuando la avenida Duque de Abrantes era aún el camino de Lebrija; antes de que la finca que alberga el precioso palacio de estilo francés –que unos siguen atribuyendo a Garnier y otros al también galo Revel– se convirtiera en sede de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre; y mucho antes de que se construyera el gran emblema de esta señera institución, su picadero cubierto, aquellas casas ya estaban allí.A día de hoy son cuatro viviendas las que quedan en pie, prácticamente pared con pared con las cuadras de la Real Escuela. Durante décadas han convivido con la transformación de todo el entorno, creando una especie de postal extraña entre sus cuidados jardines, caballos de pura raza y turistas de todas las nacionalidades.Cuando la jerezana institución ecuestre nació oficialmente en 1973, estas viviendas hoy anexas a la Real Escuela ya formaban parte del paisaje urbano al menos desde una década antes. Y cuando en 1980 se inauguró el gran picadero cubierto diseñado por el arquitecto jerezano José Luis Picardo, aquellas casas continuaban allí, incrustadas ya en un proyecto que todavía estaba naciendo.La Real Escuela se asentó sobre el histórico Recreo de las Cadenas, el antiguo palacio vinculado al duque de Abrantes pero que había mandado construir el empresario vinatero francés afincado en Jerez Julián Pemartín y Laborde, abuelo del escritor José María Pemán.El picadero de la Real Escuela, desde la parcela que ocupaba una de las viviendas derribadas. -JUAN CARLOS TORODe esta manera, lo que a finales del siglo XIX fue una finca aristocrática en medio del campo terminó convertida casi 100 años después en el corazón del gran proyecto ecuestre que Álvaro Domecq Romero, el eterno Alvarito, proyectó para su ciudad.El cambio del PGOU en 2009Al principio, la convivencia entre la Real Escuela y las viviendas no generó apenas debate. A finales de los 70 el principal motor de la ciudad seguía siendo el vino y sus industrias auxiliares. La palabra turismo se relacionaba solo con Torrevieja o Mallorca. Pero rozando el nuevo milenio la perspectiva empieza a cambiar.En 1990 la Real Escuela pasa formalmente a depender de la Junta de Andalucía. De otro lado, el destino España se pone de moda con las Olimpiadas de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, en 1992. El turismo empieza a verse como algo global, no solo ligado a los destinos de costa. Además, Jerez es designada en junio de 1998 sede de los IV Juegos Ecuestres Mundiales que se celebrarían en 2002, lo que se ve como una oportunidad de relanzar la industria y el turismo ecuestre –algo que finalmente quedó en casi nada–. Todo un cúmulo de circunstancias que cambian la perspectiva, también en Jerez, del turismo.De esta manera, con la Real Escuela ya siendo el principal foco de atracción de visitantes, esas casas que al principio se veían como algo anecdótico se convierten en algo que afean las vistas al picadero y que deslucen sus vistas desde la avenida, ante los miles de turistas que cada semana llegan para presenciar su espectáculo y las instalaciones.Pero la situación cambia urbanísticamente en 2009. Con la socialista Pilar Sánchez como alcaldesa y Juan Pedro Crisol al frente de Urbanismo se aprueba el nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que, a petición de la Fundación Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, modifica la calificación de los terrenos donde se asientan las viviendas, de residencial a equipamiento público, pasando por su correspondiente periodo de exposición pública.Indicadores turísticos, ante la fachada de una de las viviendas situadas en la finca de la Real Escuela.-JUAN CARLOS TORO El objetivo, según explican desde la Consejería de Turismo a lavozdelsur.es, es abrir más visualmente la Real Escuela hacia la avenida Duque de Abrantes y reforzar la presencia urbana de uno de los grandes escaparates turísticos de la ciudad. La idea respondía también al creciente peso del turismo en Jerez y a la consolidación internacional de la institución ecuestre, que actualmente recibe alrededor de 150.000 visitantes al año.Con la aprobación definitiva del PGOU, aquellas casas quedaron situadas en un suelo que ya no era residencial. Sin embargo, durante años la situación ha permanecido prácticamente inmóvil. Los vecinos han seguido viviendo allí y tampoco ha existido una necesidad inmediata de las administraciones por ejecutar las expropiaciones.Todo ha comenzado a moverse recientemente tras el fallecimiento de la propietaria de una de las viviendas, la situada en el número 5 de Duque de Abrantes. Sus hijos solicitaron la expropiación al ser conscientes de que el inmueble no podía venderse debido a la nueva calificación urbanística del suelo.A partir de ahí, el Ayuntamiento inició los trámites y contactó con la Junta de Andalucía, que confirmó que asumiría el coste económico de la operación. En declaraciones a este medio, la delegada de Urbanismo, Belén de la Cuadra, explica que no se ha tratado de una expropiación forzosa, sino por Ministerio de Ley, “y es el propietario quien la solicitaba”.Cuatro viviendas siguen en pieTras la ejecución del derribo, y construido ya el muro con la valla a juego con el del resto del entorno, esa visión del singular picadero de la Real Escuela empieza a ganar vistas hacia la avenida Duque de Abrantes. Sin embargo, todavía permanecen en pie cuatro de esas antiguas viviendas. Sus propietarios conocen desde hace años la situación urbanística del enclave y aunque han preferido no hacer declaraciones a lavozdelsur.es, sí admiten que, si dependiera de ellos, seguirían viviendo allí por siempre.Las viviendas que aún se mantienen en pie frente a la Real Escuela de Arte Ecuestre, en Jerez-JUAN CARLOS TOROPor su parte, desde el Ayuntamiento aseguran que no existe una voluntad inmediata de actuar sobre las casas restantes. “Nosotros, como Ayuntamiento, y además lo hemos hablado con la Junta de Andalucía, no queremos que se eche a la gente de su casa. No vemos una necesidad inminente de que las viviendas que queden se expropien”, afirma Belén de la Cuadra, que insiste además en que el escenario ideal es que las futuras expropiaciones se produzcan a petición de los propietarios, tal y como ha sucedido con la vivienda ya derribada.De esta manera, la imagen actual del entorno resume en cierto modo la evolución reciente de Jerez. A un lado, una institución convertida en referencia internacional de la doma clásica y vaquera y en uno de los grandes motores turísticos de la ciudad. Al otro, unas viviendas que sobreviven como recuerdo de un paisaje urbano anterior a la expansión de la Real Escuela.