El PSOE ha sufrido esta semana una crisis tras otra, en unas jornadas que iban deparando sorpresas desagradables para los intereses del partido mayoritario del Gobierno de España, que afronta quizás su peor momento del mandato. Las voces que piden, de nuevo, un adelanto electoral cada vez suenan más alto, pero el presidente Pedro Sánchez se empeña en despejar esa posibilidad. Al menos, de momento. Solo el devenir de los acontecimientos dictará si el Ejecutivo está en condiciones de agotar una legislatura que hace tiempo que muchos partidos, incluidos apoyos parlamentarios, dan por agotada.Porque si el PSOE venía de aguantar el chaparrón por el caso Zapatero, al que el juez Calama sitúa en la cúspide de una presunta organización criminal por el rescate de la aerolínea Plus Ultra —tráfico de influencias, blanqueo de capitales, posibles testaferros, operaciones de petróleo y oro en Venezuela—, la entrada de la UCO de la Guardia Civil en la sede de Ferraz (por el caso Leire Díez, con la imputación de Santos Cerdán y Gaspar Zarrías), el inicio del juicio contra David Sánchez, hermano del presidente, y la citación de Begoña Gómez a una vista preliminar el 9 de junio, han terminado por tambalear aún más los cimientos del Ejecutivo. La presunción de inocencia debe primar, por supuesto, pero la acumulación de procedimientos abiertos, la naturaleza de las acusaciones y la gravedad de algunos de los indicios que los jueces han considerado suficientes para ordenar registros y citar a declarar a figuras de primer orden político exigen algo más que el habitual mantra del lawfare. Exigen, ante todo, transparencia y respuestas.Tampoco ayuda al PSOE que el ex presidente Zapatero guarde silencio. Y que no vaya a dar su versión detallada hasta mediados de junio, unos días que la oposición aprovechará sin duda para seguir desgastando al Gobierno. Los socios de Gobierno ya no son tan tibios pidiendo acciones al PSOE. El encuentro de Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar en Barcelona este sábado sirvió, entre otras cosas, para enviar un mensaje inequívoco a Pedro Sánchez: los escándalos no desaparecen negándolos. "Se contesta con leyes, medidas y ejemplaridad", resumió Antonio Maíllo, líder de IU. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, fue más explícito aún al pedir que la sede de Ferraz "no sea un lastre para la mayoría progresista". El Ejecutivo tiene una tarea compleja por delante: gobernar en medio de la tormenta sin que la tormenta se convierta en el único horizonte. Querrá poner la agenda social —vivienda, prestación contra la pobreza infantil, el decreto de alquileres que naufragó en abril— por delante de la avalancha de casos judiciales abiertos. Pero sin que tampoco sea una cortina de humo. La ciudadanía merece un Gobierno con total transparencia.