A Ernesto Miralles, tras años viviendo en Barcelona y en Madrid, la ciudad le terminó saturando. Ante esta situación, tras la pandemia del covid, decidió dar un cambio de rumbo a su vida y mudarse a Ceclavín, un pueblo de Cáceres con poco más de 1.700 habitantes. Allí, en el río del Valle de Alagón, creó Barconatura junto a Miguel Crisolino, una experiencia de turismo fluvial para disfrutar de la rica flora y fauna local. Algo similar hizo Lidia Cerdá que, tras ser madre, se mudó a Alfafara, un pueblo de la provincia de Alicante de unos 400 habitantes donde se vive "completamente diferente" y desde donde se dedica a la comercialización de productos cosméticos elaborados con aloe vera ecológico.Seguir leyendo....