El ataque terrorista ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York en el que dos aviones impactaron contra las Torres Gemelas causando la muerte de 2.753 personas cambió para siempre las reglas de la aviación y las medidas de seguridad que envuelven al tráfico aéreo. Las autoridades controlan cualquier detalle para minimizar riesgos y, pese a las advertencias, sigue habiendo incidentes, aunque por fortuna no de esa gravedad.El último caso lo ha protagonizado un pasajero del vuelo 236 de United Airlines que tenía como destino el Aeropuerto Internacional de Son Sant Joan en Palma de Mallorca y que había despegado desde Newark, en Nueva Jersey. Un trayecto transoceánico que a poco de despegar se vio obligado a dar la vuelta y regresar al aeropuerto de origen hasta subsanar un problema con un dispositivo bluetooth.Dispositivo bluetooth con un nombre inadecuado Las conexiones inalámbricas, aspecto de control por parte de las aerolíneasHemos visto que esta tecnología de conexión inalámbrica es utilizada por los atacantes para acceder a los dispositivos de otros usuarios mediante una práctica que se conoce como bluesnarfing, aunque en este caso no se trataba de ello. La incidencia llegó por el nombre identificador con el que uno de los usuarios había bautizado a su altavoz portátil que llevaba la función bluetooth activada.Tal como destaca Phone Arena, el primer aviso llegó por parte del piloto del vuelo 236 de United Airlines. Por los altavoces del avión, el piloto exigió a todos los pasajeros que apagaran por completo sus conexiones Bluetooth si querían continuar el viaje, aunque en ese momento no les explicó el motivo real para no alarmar a la cabina. Una medida de seguridad necesaria para resolver la incidencia en vuelo sin causar alerta entre los pasajeros y que habría permitido continuar con el trayecto.Tal vez el pasaje no comprendió el peligro o no tomó en serio el aviso del piloto. Sea como fuere, no todas las conexiones bluetooth se apagaron y, entre las que quedaron activas, permanecía la que había generado el aviso inicial. Una que bautizaba al dispositivo del que salía emitida con una palabra de cuatro letras terminantemente prohibida en cuanto tiene que ver con tráfico y transporte de pasajeros: bomb (bomba en castellano).El caso es que la medida de seguridad acerca de los dispositivos bluetooth va a requerir de United Airlines especial vigilancia, toda vez que la compañía implementó recientemente una normativa que invita al uso de dispositivos bluetooth como auriculares para poder visualizar vídeos durante sus vuelos sin molestar a otros pasajeros. La lógica invita a no bautizar a ese tipo de gadgets con nombres que puedan generar alarma, pero a la vista del caso que nos ocupa no siempre va a suceder.Registro de las autoridades y el avión completó su trayecto Un altavoz bluetooth fue el desencadentante del desconciertoLa amenaza a la seguridad e integridad del vuelo estaba, como decimos, en esa denominación y el pasajero en cuestión no apagó su conexión bluetooth, por lo que desde la sede central de United Airlines en Chicago, Illinois, autorizaron el regreso del vuelo al aeropuerto de Newark. El recibimiento a la aeronave corrió a cargo de las autoridades federales, que fueron las responsables de revisar los efectos personales de los pasajeros, que, a excepción de pasaporte y teléfono móvil, tuvieron que dejar el resto de objetos en el avión tras el aterrizaje de regreso.Fue en esa actuación en la que los agentes identificaron cuál era el objeto de discordia que había causado que el vuelo 236 con destino a Palma de Mallorca diera la vuelta: un altavoz bluetooth de un adolescente que viajaba en el avión. Tras corroborar que no había ningún tipo de amenaza mayor a la seguridad, las autoridades permitieron que el avión reanudase su vuelo, que aterrizó en Palma de Mallorca con cierto retraso pero sin más incidencias.