La Feria se acabó . Y a todos los que nos gusta nos da penita . Porque sus ocho días son una pompa que nos aísla de la realidad . Está hecha de reencuentros, de sobremesas interminables, de noches más interminables aún, de viajes en los cacharritos, de sonrisas que no caben en la cara de los niños cuando sacan el peluche que tanto quieren... Esa cúpula de alegría nos saca del frenético día a día. Es una maravillosa tregua respecto a lo cotidiano. La ciudad declara el estado de felicidad. Los agobios, las prisas y el estrés tienen que batirse en retirada a sus cuarteles de primavera -aunque haya años, como éste, en que sean más bien de verano,... Ver Más