“Me dio un propósito”: creó una plataforma para ayudar a su hermana con autismo y hoy la usan miles de personas

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Guadalupe Torino creció entendiendo que, para algunas personas, el mundo necesita ser explicado de otra manera. En su casa, una imagen podía ayudar a anticipar una salida, ordenar una rutina o hacer más fácil una situación nueva. Para Julieta, su hermana menor, esos dibujos no eran algo menor: eran una forma de prepararse, de entender y de llegar con menos miedo a lo que iba a pasar.Durante años, su mamá armó esas secuencias visuales a mano. Buscaba imágenes en la computadora, las descargaba una por una y las ordenaba en pequeños relatos para cada momento: una visita al médico, una excursión, un cambio de planes. Guadalupe la veía hacerlo con paciencia y amor, pero también empezó a preguntarse si no habría una manera de ayudar.Aunque todavía no sabía cómo, sintió que desde lo que estaba estudiando podía hacer algo por su hermana. Esa idea, que al principio nació como una forma de acompañar mejor a Julieta, terminó creciendo mucho más de lo que imaginaba: hoy ayuda a miles de familias en distintas partes del mundo.Julieta, la hermana menorJulieta tiene 18 años y, para Guadalupe, siempre fue mucho más que una hermana menor. “Es la persona que me abrió los ojos a una forma más amplia de entender el mundo”, dice. La describe alegre, tranquila, con una manera propia de atravesar los días y de recordarle, sin proponérselo, que muchas veces las preocupaciones más grandes no son tan importantes como parecen, son “cotillón”. De chicas, compartían juegos, salidas familiares y rutinas como cualquier par de hermanas, aunque no siempre todo era sencillo. Durante mucho tiempo, el diagnóstico de Julieta no estuvo claro. Pasó por distintos especialistas hasta llegar al autismo, algo que para la familia también implicó aprender, buscar herramientas y entender que cada avance, por pequeño que pareciera, tenía un valor enorme.“Juli pasó por varios diagnósticos hasta llegar al autismo. Muchas veces no se identifica a tiempo, entre otras cosas, por ciertos prejuicios o ideas instaladas. Durante años, por ejemplo, se asoció el autismo con la falta de contacto visual, y mi hermana sí miraba a los ojos. Eso confundía. Pero más allá del diagnóstico, yo recuerdo jugar con ella, salir a pasear en familia y compartir momentos especiales. En casa nunca fue un tabú. También recuerdo salidas al cine que no siempre salían bien, porque los espacios no estaban adaptados. Hoy, por suerte, hay más flexibilidad para las personas con autismo y otras neurodivergencias. Y eso es un avance enorme”, dice Guadalupe.“Donde tiene más desafíos es en la comprensión”, explica Guadalupe. Por eso, en su casa, anticipar lo que iba a pasar se volvió una forma de cuidado. No se trataba solo de organizar una actividad, sino de ayudar a Julieta a llegar a ese momento con más calma, con menos ansiedad y con la posibilidad de entender, a su manera, aquello que estaba por ocurrir.Desde sus primeros años, Julieta asistió siempre a una misma escuela común de gestión privada en la ciudad de Buenos Aires. Para Sonia Castellanos, su mamá y docente, fue fundamental defender y respetar su derecho a una educación inclusiva y de calidad. “Siempre creí que la educación no debía pensarse desde las limitaciones, sino desde las posibilidades. Desde Nivel Inicial fuimos construyendo, junto a la escuela, los andamiajes necesarios para acompañar su trayectoria”, cuenta Sonia. En ese recorrido, el trabajo con el equipo de integración fue clave. También lo fue la mirada familiar: acompañar a Julieta, respetar sus tiempos y celebrar cada aprendizaje.