El gato del New York Times

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La definición del tiempo que vivimos sería la de la infoxicación: la saturación de cosas, noticias y eventos. Hoy me quedo en esta primera parte de lo que es la infoxicación.La vida diaria se nos convirtió en un cajón de sastre, un cajón donde hay de todo y para todo; una vida diaria que no siempre fue así. Lo es desde la hiper conectividad que sembró y cultivó internet en nuestras vidas. Cuando solo había periódicos, cuando llegó la radio, cuando los cines y los cines rodantes, o los teatros itinerantes, seguíamos viviendo un poco en la magia de lo extraordinario que irrumpía en nuestras vidas y luego se esfumaba. Las voces de la radio eran unas voces lejanas que llegaban de un lugar remoto y que se disolvían en el aire mágico por el que también volaban las alfombras. Yo me animo a pensar que eran tiempos en que aquellas voces anteriores a la televisión eran puros eventos, vividos como algo extraordinario, y en un punto fantástico, como la llegada de los romanceros y los charlatanes a los mercados.La televisión introdujo el cambio fundamental en el modo de percibir todo aquello. Internet nos situó en un mundo nuevo y fue creando otro cada vez más nuevo: nuevo en el sentido de distinto. La televisión e internet produjeron nuestra hiper conectividad respecto a lugares y hechos lejanos que se convirtieron en nuestro cotidiano sin serlo, pero siéndolo, y siendo un nuevo motor de neurosis; y un elemento más en nuestro malestar en la cultura, en la sociedad y en nuestra vida diaria. No solo, pero también.Mi cajón de sastre hoy contiene un referéndum para la candidatura de unos Juegos Olímpicos en Hamburgo que, como en 2015, volvió a perder el Senado de la ciudad. ¿Dónde se perdió y dónde se ganó el referéndum? Se ganó en los pocos distritos con una clara gran potencia de gasto; se perdió en una gran cantidad de distritos donde viven trabajadores y empleadøs. Seguramente porque unos Juegos Olímpicos despiertan el temor ante la suba de precios de los alquileres, de todos los precios, y la plaga de una ciudad llena de obras durante años. Teniendo en cuenta que con Hamburgo se podría gastar la misma broma que con Montreal: que la ciudad todavía no está terminada de construir.Además, se metieron las presidenciales de Colombia, en las que el candidato de la izquierda quedó a un 3% del de ultraderecha y habrá segunda vuelta con los dos. Aparecieron los retales que van quedando de Líbano y los jirones de Palestina; una horma de zapatero; una carta de navegación de Ormuz. Y el gato del New York Times.Según relata Michael Zadoorian, los varones que aspiren a una relación casual o duradera con una mujer, y que lo anuncien en las redes o en la-bolsa-del-amor-digital, podrán ahora darse cuenta de su permanente fracaso en sus búsquedas o partidas de caza, según sea el caso. ¿El motivo? Que en su fotito aparece un gato. Habría un abultado número de mujeres de entre 18 y 24 años que rechazan a los varones con gato porque no serían lo bastante machos o demasiado femeninos. Serían varones “agradables” y “abiertos”, según el estudio al que Zadoorian hace referencia, pero no tendrían la oportunidad de apalabrar una cita con ninguna de todas esas mujeres.