"De la humilde coma al concluyente punto y aparte"

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Redacción ClarínPara algunos, los signos ortográficos son meros auxiliares de los escritores. Colaboradores ad honorem para quienes necesitan ordenar sus pensamientos e impedir que fluyan anárquicos. Para otros, exceden el valor de un simple trazo sobre un papel y los ubican en un escalón más significativo.La coma es una de las señales más humildes. Cuando el relato se vuelve farragoso le impone un break saludable.El punto y coma es algo más importante porque le adjudica un freno mayor al aluvión de palabras. Indica que sobreviene una aclaración o un complemento; aleatorio pero, también, independiente.El punto y seguido marca jerarquía. Le otorga un valor especial a la oración. El punto y aparte, definitivamente, cambia el rumbo de la historia. Es concluyente sin que ello implique apartarse, por completo, de la ilación mantenida hasta entonces.En la caja de herramientas aparecen, con cualidades propias e intransferibles, acentos, paréntesis, guiones, comillas y signos de admiración e interrogación. A veces, los acentos, en caso de omitirse, pueden alterar significados (sí o si y té o te, bastan como ejemplos). Los paréntesis aclaran en el marco de una continuidad discursiva. Los guiones, por su parte, enfatizan y lucen -a mi juicio- en una categoría superior. Las comillas se encargan de salvaguardar la opinión de los autores. Cuando las frases procuran aludir a intrigas, los signos de interrogación son indispensables. Los de admiración traen consigo muestras de asombro y elogio, entre otras.Durante su vigencia, los complementos literarios hablan de quienes los adoptan. El adicto a frases cortas, mediante puntos, suele ser lapidario o enfático, según cuadre. En ocasiones, “ametralla”.Lo difícil, en el empleo de estos recursos gráficos, es dosificarlos y enfilar hacia usos precisos. Aunque minúsculos, tienen la propiedad de ensalzar un texto o malograrlo. De tornarlo ameno o tedioso. Sin auxiliares no habría orden sintáctico. Desconozco quién los creó pero, sin embargo, digo gracias por existir.Alejandro De Muro demuroalejandro4@gmail.comOTRAS CARTASAntisemitismo o autoboicotComo no judía, siento el antisemitismo y el antisionismo como un ataque personal, y me da miedo. El antisemitismo me duele por el prójimo inocente, pero me atemoriza porque es un síntoma de una sociedad que se autoboicotea. Por espíritu crítico o miopía, olvida que el capitalismo democrático (libertad e igualdad de derechos) es el sistema que nos ha brindado mayores oportunidades. ¿Qué hace una persona cuando afirma que el judío es la causa de variados males y que detenta un poder económico que todo lo puede? ¿Qué hace cuando ataca el derecho de defensa del Estado democrático de Israel y aplica varas distintas para sus vecinos racistas que pretenden establecer regímenes autoritarios? Muchos, acostumbrados a sociedades prósperas y libres, enarbolan banderas de “luchas o cruzadas nobles” que les otorgan una sensación de superioridad moral. Otros depositan frustraciones o resentimientos en cucos expiatorios. Todos ellos se pegan un tiro en el pie; carcomen las bases de nuestra civilización: la razón, la ley, la libertad.Sofia Zanelli sofizanelli@gmail.com“Aquellos desfiles patrios en la plaza de mi ciudad...”Durante mi infancia y adolescencia, las fiestas patrias se celebraban en la plaza de mi ciudad. Participaban todas las escuelas de la zona, cada una con su abanderado y escoltas. Primarias y secundarias. Públicas y privadas. De habla castellana, inglesa, alemana. Previo ensayo en cada escuela para ser la más destacada, el desfile se hacía con el fondo de marchas patrióticas ejecutadas por la banda de un colegio religioso de la zona. Por la noche, en la misma plaza se brindaban espectáculos folklóricos. Todo para deleite y sentir patriótico de participantes y concurrentes.En la Ciudad de Buenos Aires, generalmente Av. Del Libertador era escenario del clásico desfile de los regimientos militares.Este 25 de Mayo de 2026, haciendo zapping por los canales todo pasaba por ver si Karina Milei se había sentado a un metro o a cinco de Patricia Bullrich o si Javier Milei abrazó a Santiago Caputo más o menos fuerte que la última vez, y cosas parecidas por doquier. Mientras tanto... la soledad de las plazas invitaba a cuidarse de los motochorros.Qué bajo hemos caído Patria mía.Gustavo Oscar Colla gustavo.colla@yahoo.com“Los verdaderos números de la discapacidad”En la Argentina hay, según informa el INDEC, aproximadamente 1.900.000 personas con discapacidad que cuentan con Certificado Único de Discapacidad (CUD), lo que representa el 4,2% de la población.Esta proporción es significativamente menor que la de Brasil (7,9%), España (7,01%), Estados Unidos (13,5%) y también inferior al promedio mundial, que ronda el 16%.De esas 1.900.000 personas con discapacidad certificada, solo alrededor de 662.000 perciben una pensión por discapacidad, es decir, aproximadamente el 1,4% de la población total de la Argentina.Si existen personas que perciben una pensión sin reunir los requisitos legales, corresponde que el Gobierno y la Justicia las identifiquen, investiguen y sancionen. Lo que no resulta aceptable es que desde el Estado se instalen sospechas generalizadas a través de declaraciones mediáticas que terminan afectando a quienes legítimamente necesitan esa protección.En los últimos tiempos hemos escuchado a importantes funcionarios y legisladores afirmar que “solo una guerra podría justificar la cantidad de personas con discapacidad que hay en la Argentina”. Expresiones de esta naturaleza conducen a una de dos conclusiones igualmente preocupantes: quienes las formulan desconocen datos básicos sobre la realidad de la discapacidad en el país, lo que sería extremadamente grave, o bien malversan los números para desacreditar derechos y prestaciones y perjudicar a los argentinos más vulnerables.Carlos Alberto Nogueira DNI 14430043Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOTags relacionadosDiscapacidadAntisemitismo