Coro, estado Falcón – Hay personas que caminan por la vida dejando una estela que huele a esperanza, a perseverancia y, en este caso, a café recién colado. A sus 88 años, don Abdul Prada es la prueba viviente de que la edad es solo un número cuando las ganas de vivir colman el alma.De origen tachirense, pero con el corazón ya sembrado en la capital falconiana, este roble humano se ha convertido en un personaje entrañable del acontecer diario de los corianos; especialmente en el bullicio del Mercado Viejo, donde su andar pausado pero firme es sinónimo de dignidad.Para don Abdul, el secreto de su eterna juventud no está en una fórmula mágica, sino en la acción. «No sirvo para estar sentado en la casa», confiesa con una sonrisa que desarma cualquier queja.Cuando no está trabajando, sale a hacer diligencias. Su rutina es una oda a la productividad; mientras él recorre las zonas más concurridas de la ciudad vendiendo café, su esposa hornea tortas en su casa.Juntos han edificado un hogar donde no falta el sustento diario y, sobre todo, donde se han ganado el respeto y el cariño genuino de toda una comunidad.Su vitalidad es tal que recientemente, tras sentirse un poco disminuido físicamente, acudió al médico para un chequeo general. No obstante, el galeno no pudo más que felicitarlo por la envidiable salud que conserva.«Y si Dios me da dos, tres o cinco años más… ¡Seguimos!» remarcó el gocho de comprobada sabiduría.Fe inquebrantable ante la adversidadDetrás de la alegría que regala en cada vasito de café, la vida de don Abdul también ha sido puesta a prueba. La pandemia del COVID-19 marcó un antes y un después en su historia. Aunque él mismo batalló y sobrevivió al virus, no pudo evitar el golpe más duro que ha recibido su corazón: la pérdida de su hijo.Don Abdul confiesa, con la mirada puesta en el horizonte, que se trata de un dolor insuperable. Sin embargo, en lugar de transformarse en amargura, el duelo ha fortalecido su fe.Lee también: Jordán: Hoy los transportistas salimos a la calle con nueva tarifaÉl vive bajo la premisa del mayor de los mandamientos: amar a Dios por encima de todas las cosas, y al prójimo como a sí mismo. Por eso, don Abdul Prada no solo vende café; reparte lecciones de resiliencia en cada esquina de Coro, demostrando que cuando hay voluntad y Dios es la guía, la vida siempre se encarga de dar motivos para continuar.Fuente: Francisco Rodríguez y Javier Reyes/NotifalcónSigue las noticias de Falcón, Venezuela y el Mundo en www.notifalcon.com síguenos en Instagram y Twitter @notifalcon y en Facebook: Diario NotiFalcón