Arturo Gonzalo Aizpiri: «Los dos grandes Reyes de España quisieron representarse como Hércules y César, padres de Sevilla»

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Julio César es una de las figuras históricas más conocidas y reconocidas universalmente. Entre los lugares donde dejó su impronta no puede olvidarse la península ibérica, como recuerda ahora Arturo Gonzalo Aizpiri, consejero delegado de Enagás y escritor. El autor de 'Tras las huellas de César en Hispania' presentó su nuevo libro en el Aula de Cultura de ABC, patrocinada por la Fundación Cajasol y la Real Maestranza de Caballería. El acto estuvo moderado por el humanista y colaborador de ABC Jesús Pozuelo. Aizpiri, doctor en Ciencias Químicas y ejecutivo de una gran empresa, pero sin embargo «un gran humanista», como fue descrito por Manuel Pimentel durante su presentación, habló de este libro de viajes en torno a los lugares que marcaron la trayectoria de Julio César en la península ibérica con el objetivo de despertar el gusanillo de los asistentes para ir a visitarlos y conocerlos. Lo cierto es que el libro arranca con el encuentro material del escritor con Julio César nada menos que en Berlín: «Realmente vamos a encontrar huellas de César por toda Europa, porque es una figura que está por todas partes». Así, un busto en color verde en el Altes Museum de la capital alemana que parece mirar a otro de Cleopatra fue el punto de partida para todo el viaje de la obra, pero este llega pronto a Córdoba , ciudad a la que llegó César en su primera magistratura. «Al cumplir los 30 en el 69 a. C., César llega a la la Hispania ulterior (más tarde la Bética) como acompañante del pretor. Su relación con Corduba fue tortuosa». Desde bien temprano, César entabló relaciones de clientelismo con las clases pudientes de la sociedad hispanorromana. Claro ejemplo de esto son las élites de Gades ( Cádiz ), donde comenzó a construir relaciones de poder con las principales familias, especialmente con Lucio Cornelio Balboa, con quien «establece una relación de gran amistad que dura durante toda la vida de César, con el precioso Teatro de Balbo como su mayor exponente», un interesantísimo yacimiento arqueológico actualmente en obras. Así como hoy tenemos grandes lugares de peregrinación, ya en aquella época había lugares de influencia sobre todo el Mediterráneo, como el santuario del Melkart en lo que hoy es el islote de Sancti Petri , un gran santuario dedicado a Melkart, considerado una deidad unificadora para la comunidad fenicia«. Allí acudió César como cualquier otro peregrino y contempló una estatua erigida en honor de Alejandro Magno. Al contemplar que este había conquistado medio mundo conocido a la edad que él tenía en aquel momento, »se sintió un gran fracasado, rompió a llorar y se marchó hacia Roma para intentar acelerar el curso de su carrera política«. Una anécdota »muy ilustrativa del inmenso hambre de poder que durante toda su vida acompañó a César«. César volvió más tarde a la Hispania ulterior, primero como pretor y más tarde como militar tras haber pasado nueve años en la Galia, ya convertido en una de las figuras bélicas más importantes de su tiempo. La guerra civil entre César y Pompeyo comenzó cuando el primero salió con su legión de su provincia en contra de la legalidad republicana. Aunque no tuviese lugar en Hispania, también recoge el autor la célebre muerte del dictador romano . «César iba a partir con dieciséis legiones de Roma, por lo que iba a quedar fuera del alcance de todo el mundo. Por ello, quienes abogaban por los valores de la República organizaron la muerte colectiva del dictador. César recibió 23 puñaladas. Tras su ceremonia fúnebre, en la que el pueblo montó en cólera, pocos días después apareció en el cielo un cometa, lo que en la época se entendió como el espíritu de César convertido en divinidad». Todos los vestigios y marcas de Julio César en nuestra tierra entrelazados con una gran documentación histórica sobre la vida del célebre político y militar romano pueden descubrirse en 'Tras las huellas de César en Hispania.