Los viajes secretos de Graham Greene por la España vacía

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La historia de la literatura está pavimentada con secretos, pero pocos resultan tan magnéticos como los que vinculan a un maestro del espionaje británico con la melancólica quietud de la España interior. Entre 1976 y 1989, el célebre novelista Graham Greene —antiguo agente activo del MI6, eterno candidato al Premio Nobel y católico atormentado— recorrió la geografía española en quince ocasiones. Aquellas rutas, nacidas bajo la complicidad de su inusual anfitrión, el sacerdote Leopoldo Durán, constituyen hoy el esqueleto de un thriller culto, magnético y profundamente cervantino: 'Tras las huellas de Greene', la última novela del escritor y docente Carlos Villar Flor. La obra arranca con el misterioso asesinato de un joven becario que ha osado desenterrar los archivos olvidados de aquellos viajes, provocando la desaparición de un diario inédito. Para aclarar el crimen, una pareja tan dispar como inolvidable toma el testigo de la investigación: el melancólico subinspector Mariana y el profesor Ayuso, quienes recorren las carreteras de la mitad norte del país. Detrás de la ficción hay una rigurosa investigación biográfica previa que llevó a Villar Flor a consultar archivos en Georgetown, Boston, Londres y Oxford. Monografía en mano, el confinamiento de 2020 fue el detonante creativo. «Concebí la novela como la investigación en torno a un asesinato y la consiguiente desaparición de un manuscrito con información inédita sobre lo que Greene hizo en España», explica el propio Villar Flor. «Desde el principio me propuse que la narrativa fuera sembrando pistas no solo del misterio ficticio, sino también del Graham Greene real...». La trama plantea que Greene recababa informes confidenciales sobre la Transición y el terrorismo en el País Vasco para el servicio secreto de su país. El autor señala al respecto: «Mi hipótesis es que Greene empezó a viajar a España con el objetivo de conocer la sociedad española tras la muerte de Franco... para aportar informes relevantes al servicio secreto de su país». Sin embargo, añade que su mirada sobre nosotros «era un tanto estereotipada, con el típico distanciamiento del turista inglés que ve a los españoles como apasionados, salvajes, machistas y un tanto disparatados». Concebida como una 'road movie', la narración rinde un explícito homenaje a Monseñor Quijote. El policía actúa como heredero de Sancho Panza y el profesor encarna un perfil quijotesco. Al hacerlos coincidir, Carlos Villar Flor busca lanzar una profunda reflexión sobre la sociedad actual: «En estos tiempos de polarización , conviene recordar que se puede dialogar, respetar, e incluso querer a quien no piensa como uno». Esta confrontación ideológica conecta directamente con la visión del autor sobre las estructuras de control actuales, madurada durante la crisis sanitaria: «El poder prefiere que estemos masificados en grandes ciudades donde reine la deshumanización, donde tengamos que trabajar para pagar alquileres cada vez más exorbitantes... Todo eso nos hace más manipulables ». Frente a esa masificación urbana, la España vaciada actúa aquí como el escenario perfecto para que el poder esconda sus negocios más oscuros. El propio escritor concluye que esta geografía «ofrece una característica invisibilidad que, en manos de políticos o empresarios sin escrúpulos, puede constituir un terreno abonado para oscuros negocios que atentan contra los recursos naturales y el medio ambiente».