Al lado del Madison Square Garden, al cruzar la calle, los aficionados al deporte y en particular los fans de los New York Knicks tenían en el Cafe 31 un bar con una barra a la que clavar los codos frente a múltiples pantallas. No era inusual que tras los partidos el carismático Charles Oakley entrara con un traje de mil dólares, un sombrero que le dotaba de una elegancia aristocrática y se acomodara para cenar en unas de las mesas del fondo. O que apareciera John Starks y su caminar saltarín para recuperar calorías en alguna otra. Seguir leyendo....