En el Hospital Americano de París ha fallecido el sábado, a los 98 años, el cinético argentino Julio Le Parc . Nacido en Palmira, Mendoza, de un padre ferroviario, en 1942 arribó a Buenos Aires con su familia. Un año más tarde, inició sus estudios en la Escuela Prilidiano Pueyrredón, donde le marcaron las enseñanzas de Fontana. Se interesó por el muralismo de carácter social tal como lo practicaron Berni, Castagnino, nuestro Manuel Colmeiro, Spilimbergo y Urruchúa en las Galerías Pacífico. Durante los cincuenta trabajó de portero en el Colón, y transitó hacia el geometrismo, que en su país habían iniciado los Madi y los concretos. Gracias a una beca francesa, en 1958, año en que le había impactado una muestra porteña de Vasarely, trasladó su residencia a París. Pronto pasó a trabajar con la galería Denise René, donde en 1955 se había celebrado la colectiva ‘Le Mouvement’, que marca el arranque del arte cinético, y en la que figuraron algunos de los primeros relieves de Soto. Este, y Carlos Cruz-Díez, venezolanos ambos, formarían parte de su círculo parisiense más cercano. En 1960 fundó el Groupe de Recherches d’Art Visual (GRAV), activo durante los diez años siguientes, y al que pertenecieron, entre otros, García Rossi, Vera Molnar, Morellet, Yvaral y el español Francisco Sobrino. Impactantes fueron los laberintos, los móviles, y las acciones callejeras cinéticas, con luz y movimiento real, y una fuerte dimensión lúdica y crítica, que él realizó en ese marco. Un año clave en su trayectoria fue 1966, en que fue premiado en Venecia. Al año siguiente participó en la colectiva parisiense ‘ Lumière et Mouvement ’ en el Musée d’Art Moderne de la Ville de París. En mayo de 1968, en el ‘Atelier Populaire’ de la École des Beaux-Arts. Aquello le valdría la expulsión de su país adoptivo, revocada a los cinco meses por el amplio movimiento de solidaridad que provocó. Por aquel entonces empezaron sus viajes a Cuba. Le Parc estuvo muy presente, desde los sesenta, en nuestro país. El firmante de estas líneas lo conoció circa 1970, en Mojácar. Residente durante los veranos en la vecina Carboneras, el argentino se presentó una noche de agosto en el apartamento paterno en la casbah mojaquera proyectada por Roberto Puig. Iba acompañado por Antonio Asís y Denise René. En París, la siguiente Navidad, esta nos cargó con catálogos, suyos y de otros. Su obra cinética, y sus cuadros, de una geometría poética, se han visto aquí tanto en galerías (las bilbaínas Grises y Aritza, la barcelonesa Métras. la valenciana Punto, la Aele de Carmen Waugh, Rayuela…) como en espacios institucionales. Conoció un gran revival a lo largo de las dos últimas décadas, en que el parisiense Palais de Tokyo le dedicó una espléndida retrospectiva (2013). Entre sus instalaciones tardías, impresionante la gran esfera azul que preside el interior del porteño Centro Kirchner. Otra, dorada, gira desde 2024 en la terminal de partidas de Ezeiza. Recordemos también su intervención luminosa de 2019 sobre el Obelisco de Prebisch.