José Ángel Lucena, el chipionero entre la literatura emocional y los conciertos multitudinarios de El Último de la Fila

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José Ángel Lucena lleva años moviéndose entre dos formas distintas de contar el mundo. La escritura y la fotografía, en su caso, no son caminos separados, sino dos lenguajes que se alimentan mutuamente y que han terminado definiendo una trayectoria artística cada vez más reconocible. El autor chipionero acaba de publicar Estación Sur, su segunda novela tras la buena acogida de El hilo de Ariadna, mientras continúa formando parte del equipo de fotógrafos de la gira de El Último de la Fila y acompañando también a Manolo García en distintos proyectos musicales."Las dos cosas van ahí de la mano", explica Lucena al hablar de esas dos vocaciones que aparecieron muy pronto en su vida. "Yo puedo estar escribiendo desde que tenía 12 años aproximadamente", recuerda. La fotografía llegó también durante la infancia, cuando su padre le regaló una pequeña cámara tras sacar buenas notas. "Era la Werlisa Club Color, una camarita prácticamente de plástico, con las funcionalidades más básicas del mundo, pero ahí empiezas a entrenar el ojo y empiezas a ver la magia de recoger en imágenes la realidad", relata. Aquella forma de observar el entorno sigue muy presente hoy en su literatura. "Mi escritura es muy visual, abundan las descripciones, es una literatura emocional, entonces conecta tanto eso, la expresividad que pueda captar la fotografía, esa inmediatez, con los textos".José Ángel Lucena, con su última novela publicada.Aunque ambas facetas ocupan una parte fundamental de su vida, Lucena reconoce que la realidad del mundo artístico obliga muchas veces a mantener los pies en otro terreno más práctico. "Si uno pretende comer de la literatura o de la fotografía, tendría un camino muy largo por delante", afirma. A su juicio, la mayoría de creadores necesitan "otro tipo de profesiones" que permitan sostener el día a día mientras continúan desarrollando sus inquietudes artísticas. "En el arte pasa mucho, pasa con los escritores, pasa con los fotógrafos, pasa con los músicos también, que tienen que tener ahí un punto de anclaje a la realidad", sostiene.Antes de Estación Sur, Lucena debutó como novelista con El hilo de Ariadna, un proyecto profundamente ligado a la música y a las emociones. La novela surgió a partir de la experiencia de la asociación granadina Música para despertar, que trabaja con enfermos de Alzheimer utilizando la música como herramienta terapéutica. "Consiguen reducir fármacos, eliminar muchas veces sujeciones, tranquilizar a los enfermos, hacer conexiones con la realidad. Una cosa maravillosa", explica el escritor. Aquella historia funcionaba además como un homenaje a Manolo García y El Último de la Fila, cuyas canciones inspiraban buena parte del universo emocional del libro.Su relación con el músico catalán terminó creciendo también en el terreno profesional. Actualmente, Lucena forma parte del equipo de fotógrafos de la gira de El Último de la Fila. "Realmente no existe un fotógrafo oficial, intervienen varios, pero yo soy uno de ellos y tengo la posibilidad de estar ahí captando tanto la expresividad del grupo como las reacciones del público", cuenta. Y precisamente ahí, en las emociones de quienes asisten a los conciertos, encuentra muchas veces lo más importante. "La música se encarna en gestos, trasciende al creador y conecta con ese universo interior que tiene cada una de las personas", reflexiona.Lucena es escritor y fotógrafo en una doble vertiente muy creativa.El escritor considera que el regreso de El Último de la Fila ha despertado algo más profundo que la simple nostalgia. "Hay una emoción latente, contenida y una especie de puente con el pasado", asegura. Lucena habla incluso de la "intramúsica", aquellas canciones que quedan asociadas a los años más intensos de la vida y que permanecen vinculadas a recuerdos concretos. "Hay un periodo entre los 15 y los 30 años en el que se crea una lista de canciones fundamentales para cada persona", explica. Por eso, durante los conciertos, asegura ver "muchísima emoción" tanto en seguidores veteranos como en jóvenes que han heredado esa pasión musical. "Veo chavales de entre 20 y 25 años conectados", resume.Sobre Manolo García, Lucena dibuja el retrato de una figura cercana y profundamente humana lejos del foco mediático. "Tiene un trato muy próximo, muy afable, y además escucha con interés, que es algo rarísimo hoy en día", afirma. El autor recuerda que el músico apoyó desde el principio El hilo de Ariadna y permitió incluso utilizar su imagen en la portada del libro. "Ahí delante tienes la persona. Ese es el gran valor de Manolo García", sostiene. En cuanto a Estación Sur, cree que todavía no habrá tenido tiempo de leerla debido a la exigencia de una gira que mueve decenas de miles de espectadores en cada concierto."La página en blanco no existe"La nueva novela de Lucena gira alrededor de Adrián, un personaje marcado por un trauma infantil que inicia un proceso de reconstrucción emocional. El escritor evita desvelar demasiados detalles de la trama, aunque reconoce que la obra aborda cuestiones como la confianza, las heridas interiores o la necesidad de reencontrarse con uno mismo. "Hay fragmentos hermosos con los que va a conectar todo el mundo y otros mucho más cotidianos y simpáticos", señala. Aunque rechaza que la historia tenga un carácter autobiográfico, sí admite que toda escritura termina impregnada de las preocupaciones personales del autor. "La página en blanco no existe", afirma.El autor de Chipiona, en una imagen promocional de su novela.Entre esas preocupaciones aparecen de forma recurrente la naturaleza, la soledad contemporánea y el papel del arte como refugio emocional. Lucena cree que la sociedad actual se ha alejado de lo esencial y que eso termina generando ansiedad y desconexión. "Estamos perdiendo el contacto con la naturaleza y eso nos crispa", sostiene. Frente a la vida dominada por las pantallas y las redes sociales, reivindica la necesidad de volver a espacios reales y compartidos. "Podemos tener miles de amigos por Facebook y después sentir soledad en casa", reflexiona. Para él, la literatura, la música o la pintura siguen funcionando como lugares donde encontrar algo parecido a un equilibrio interior.Pese a la reciente publicación de Estación Sur, Lucena reconoce que continúa observando el mundo con la mirada de alguien que ya está buscando nuevas historias. Habla de exposiciones descubiertas por azar, de artistas anónimos y de emociones capaces de alimentar futuras narraciones. "Hay cosas que trascienden a lo económico y que realmente nos alimentan esa parte que es el alma", explica. Y ahí, precisamente, es donde quiere seguir moviéndose. "Ojalá la gente conecte con esas páginas y esos personajes pasen de la novela al interior de quien los lee. Eso es lo máximo a lo que puede aspirar un narrador".