Nunca hay que perder de vista el verso que en el famoso soneto quevediano resume la provechosa utilidad de los libros: 'Si no siempre entendidos, siempre abiertos'. Teniéndolo presente, nos evitaríamos resbalar en el vicio en el que caen esos políticos profesionales que lo que no saben se lo inventan y sueltan citas como quien suelta ventosidades. Y en ese achaque tropiezan todos, los unos y los otros, los de babor y los de estribor, los que parecen tontos y los que lo son. Hace unos días, con ocasión de la aprobación de la polémica moción de censura que cambió el gobierno de la ciudad que habito, el portavoz del animoso grupo nazi-onanista echó mano del sobado 'vencereis pero no... Ver Más