No se me ocurren muchas muertes más terribles que la de ser engullido por un banco de arenas movedizas. Aún no me he repuesto de la impresión que me produjo ver una muerte así, siendo niño, en una película de Tarzán. En 'La Historia Interminable', el joven héroe intenta atravesar el pantano de la Tristeza, que tiene la propiedad de hundir a aquellos que se dejan vencer por la desesperanza. Su fiel caballo, Artax, sucumbe a la aflicción y se hunde lentamente hasta desaparecer. Todavía me estremezco cuando recuerdo la escena. La experiencia de morir a cámara lenta sabiendo que no hay modo de evitarlo debe ser espantosa. Gracias a Dios, algunos guionistas hacían que en el último momento, ya... Ver Más