La precampaña se movía dentro de unos parámetros bastante claros que hacían que el voto oscilara entre PP y PSOE: el deseo por expulsar a Sánchez frente al miedo a la derecha malvada. Una bipolaridad de la que suele salir malparado el BNG, consciente de que en las Generales no es capaz de exhibir el músculo electoral de las Autonómicas. En esas estábamos hasta que sucedió la tragedia de Urda y, seis días más tarde, dimitió el ministro de Transportes, Óscar Puente. Y los ladrillos sobre los que se estaban construyendo los mensajes preelectorales saltaron por los aires, dejando paso a un nuevo discurso. Si hasta el accidente ferroviario estábamos inmersos en frenar a la ultraderecha, ajusticiar al 'sanchismo', la... Ver Más