De Ceuta a Canarias, indiferencia sin fronteras

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Las cifras hablan por sí solas: hasta el pasado viernes llegaron solo a la isla canaria de El Hierro más de 4.000 inmigrantes, embarcados en pateras que salen de las costas senegalesas o gambianas. En el conjunto del archipiélago, y tomando como referencia los mismos días del año pasado, se ha registrado un incremento de embarcaciones del 1.050 por ciento y un 788,43 por ciento de inmigrantes. El ministro del Interior pidió a las autoridades de Senegal, a donde viajó el pasado viernes, que aumentaran la presión sobre las mafias migratorias. A la vista está que ese control no es suficiente, porque el flujo de salidas no ha dejado de crecer, a pesar incluso del despliegue de la Guardia Civil para colaborar con el Gobierno senegalés. La crisis migratoria en Canarias es constante, pero ahora se agudiza, con una intensidad que ha llevado al presidente regional, Fernando Clavijo, a calificar la situación como «insostenible» y anunciar que «va a empeorar» . Clavijo sabe bien lo que es el desdén del Gobierno, porque ha sido víctima de la política de anuncios y promesas incumplidos. Aun así, ha dirigido una carta a Pedro Sánchez, emplazándolo a una reunión que solo tendrá lugar si el cálculo electoralista le sale positivo al candidato socialista. En otro caso, hará como con Ceuta: pasar de largo y desentenderse de una gestión que, no solo en el ámbito migratorio, ha sido sacrificada por una estrategia puramente ideológica. No es fallo, sino ausencia de gestión. De poco sirve la declaración por decreto de la emergencia social, como ha hecho el Cabildo de El Hierro , en manos socialistas, cuando el Gobierno central se dedica desde hace semanas a calcular réditos electorales en función de las crisis que le salen al paso. Los inmigrantes que entran ilegalmente en El Hierro son trasladados en ferri a otras islas y, desde allí, en vuelos a la Península, con filtrados migratorios más laxos para identificarlos y valorar su situación. El hecho mismo de que no puedan ser devueltos sobre la marcha muestra cómo el sistema legal de acogida se anula a sí mismo en su función disuasoria. Tampoco disuade mucho que el Ministerio de Sanidad difunda un vídeo que recuerda a los inmigrantes que la atención médica en España es gratis, lo cual, además de un estímulo a la entrada ilegal, es una mentira insultante, porque esa sanidad la financian los contribuyentes. Ningún servicio público es gratis. Mensajes así son alimento para la radicalización populista. La intervención de la UE, solicitada por Clavijo, sería un revulsivo para encauzar no solo la crisis actual, sino para afianzar la colaboración de los países africanos que son puerto de salida de las rutas a las islas. Rutas plagadas de naufragios de los que nunca se sabrá a ciencia cierta cuántas víctimas se habrán cobrado. En las próximas visitas de un ministro español del Interior a Senegal o a Gambia sería conveniente la presencia de un representante de la UE para dar la imagen fiel de que Canarias es territorio europeo y sus aguas, también europeas. Uno de esos representantes, el vicepresidente ejecutivo de la Comisión, el Raffaele Fitto, visitará Canarias a principios de diciembre para conocer la situación sobre el terreno. Fitto hará lo que omite el presidente Sánchez, quien selecciona cuidadosamente sus espacios públicos y los prepara como decorados para sus inanes apariciones en los lugares donde hay un drama o una tragedia. Mientras Canarias sufre este repunte crítico de inmigración ilegal, el resto de problemas migratorios continúan vivos y enquistados, como la situación en Ceuta, ciudad que no ha recuperado la tranquilidad de su vida social previa a la invasión de los días 30 y 31 de julio, porque permanecen miles de inmigrantes ilegales ocupando espacios públicos y sin una respuesta que garantice eficazmente las devoluciones a Marruecos. Una ciudad que, según el presidente Juan Jesús Vivas, sigue sintiéndose invadida. El Gobierno nunca ha dicho la verdad sobre el asalto masivo a Ceuta, siquiera con las cifras. Un informe de la Guardia Civil remitido a la magistrada María Tardón cifra en 88.146 los inmigrantes que han regresado –porque han querido volver– a Marruecos, lo que significa que el número de asaltantes tuvo que ser superior a los 100.000. Ceuta ya ha desaparecido del discurso del Gobierno, porque electoralmente es un lastre y porque, en definitiva, la dan por perdida el 29N. Pero Ceuta sigue ahí y es la foto fija de algo más que el fracaso de Pedro Sánchez, es la síntesis de su sentido neroniano del poder: vacaciones en La Mareta mientras Ceuta colapsaba.