Tumbarse 40 minutos en un colchón con vibración ayuda al cerebro a eliminar los residuos vinculados al alzhéimer

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El cerebro no deja de trabajar cuando dormimos. De hecho, aprovecha parte del descanso para deshacerse de sustancias que se acumulan durante el día. Ahora, unos investigadores finlandeses han encontrado una manera de estimular ese proceso mediante algo bastante inesperado: un colchón que vibra suavemente.La idea suena sencilla, pero tiene letra pequeña: el experimento no consistió únicamente en tumbarse sobre el colchón; también se administró un medicamento que modifica la circulación sanguínea. Los resultados son prometedores, aunque todavía no se ha demostrado que el método prevenga ni trae el alzhéimer.El sistema de limpieza que funciona mientras dormirmos Ilustración de las proteínas beta-amiloides que pueden acumularse entre las neuronas y formar placas relacionadas con el alzhéimerNuestro cerebro dispone de una especie de sistema de drenaje, llamado sistema glinfático, por el que circula líquido encargado de transportar residuos hacia otras partes del organismo. Entre ellos aparecen proteínas como la beta-amiloide, cuya acumulación anormal está relacionada con el alzhéimer.Este mecanismo funciona especialmente durante el sueño, cuando los cambios de tamaño de los vasos sanguíneos favorecen el movimiento del líquido. Por eso, los científicos llevan tiempo estudiando cómo el descanso puede influir en la salud cerebral.El equipo de la Universidad de Oulu, dirigido por Vesa Kiviniemi, quiso comprobar si podía ayudar a ese proceso desde fuera. Para ello combinó vibraciones capaces de estimular las paredes de los vasos con nitroglicerina administrada bajo la lengua, un fármaco que libera óxido nítrico y favorece su dilatación.¿Qué ocurrió tras unos 40 minutos sobre el colchón?El estudio, publicado en Nature Communications, reunió a 29 adultos sanos, sin problemas de memoria. En la sesión combinada, 26 se tumbaron sobre un colchón vibratorio y recibieron dos dosis del medicamento, separadas por unos veinte minutos.Después, los análisis mostraron que la concentración sanguínea de beta-amiloide 42 aumentó alrededor de un 35%. También crecieron otros indicadores relacionados con proteínas presentes en el cerebro. Las resonancias detectaron cambios en el movimiento de los líquidos y en determinadas venas cerebrales.Para los investigadores, esos resultados encajan con la posibilidad de que parte de las proteínas estuviera saliendo del cerebro hacia la sangre, donde el organismo puede eliminarlas. No significa que el 35% de los residuos cerebrales desapareciera, ni que se hayan reducido placas de alzhéimer.El equipo también probó las vibraciones y el medicamento por separado. La combinación produjo señales más intensas que cada intervención individual, aunque todavía falta aclarar qué parte del efecto corresponde exactamente a cada una.¿Por qué aún no puede recomendarse como tratamiento?Hay una limitación que debe tenerse en cuenta, ¿cuál? Pues que ninguno de los voluntarios tenía alzhéimer. Además, el experimento observó cambios inmediatos, no si las personas recordaban mejor las cosas meses después. Una mayor cantidad de proteína en sangre tampoco demuestra por sí sola que proceda del cerebro; podrían intervenir otros procesos.Christopher Brown, investigador ajeno al trabajo, plantea otra explicación posible: quizá la intervención cambie la velocidad con la que el hígado descompone esas proteínas. Harán falta mediciones más directas para saber qué está ocurriendo realmente.De ahí que los resultados deban interpretarse con cautela, como ocurre con otros avances experimentales contra el alzhéimer que primero se estudian en animales.También hubo efectos secundarios, principalmente dolor de cabeza y náuseas. Y la nitroglicerina puede bajar peligrosamente la tensión arterial, de modo que no debe utilizarse por cuenta propia para intentar reproducir el experimento.Los investigadores quieren estudiar ahora el procedimiento en unas 60 personas con deterioro cognitivo leve o alzhéimer. Si se confirma su utilidad, podrían plantearse tratamientos repetidos y medir sus efectos sobre la memoria.Al igual que ocurre con las nuevas pruebas de sangre para detectar la demencia, descubrir una señal biológica es solo el principio. Lo difícil será demostrar que también mejora la vida de los pacientes.