Para el profano en la materia, el vocabulario constituye un galimatías de difícil comprensión: recreación, sesión de fotos, partida de roleplay, jugador 'farb', jugador 'pokémon'... Términos todos ellos pertenecientes a la jerga de los denominados juegos de airsoft, definidos como actividades lúdico-deportivas de estrategia bélica en la que dos o más bandos simulan un combate en un terreno acotado para materializar un objetivo militar concreto. Los concurrentes emplean armas de plástico que disparan bolas de seis milímetros y se comprometen a cumplir con un estricto código de honor, que incluye aceptar la eliminación de la partida cuando se ha recibido un impacto. A menudo se recrean batallas celébres, como la de las Ardenas, durante la Segunda Guerra Mundial, o episodios imaginarios de enfrentamiento entre la OTAN y el Pacto de Varsovia inspirados en la Guerra Fría del siglo XX. En la provincia de Burgos, en los últimos años, estos juegos de guerra están adquiriendo una particularidad: tienen como protagonista a la guerra de Ucrania, los jugadores emplean uniformes que imitan a los del Ejército ruso y a los de algunas de sus unidades más polémicas, y hasta se reviven destacados episodios del conflicto, como la batalla por el control del aerodromo y la ciudad de Gostomel, al inicio de la invasión, que culminó con la retirada rusa. Seguir leyendo....