29N, la campaña que cambia de guion cada semana

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Se suele decir que en política una semana es una eternidad. Y tanto. Ha pasado poco más de un mes desde que Pedro Sánchez anunciara el adelanto electoral y, desde entonces, la precampaña acumula tantos giros de guion que a los partidos apenas les ha dado tiempo a asimilar uno cuando tienen que hacer frente a otro.De la acampada por la vivienda en la Puerta del Sol a la campaña del amor de los socialistas; de los tropiezos del PP con las pensiones a su intento por capitalizar los violentos altercados de Bilbao y Barcelona; de las victorias de Lula da Silva en Brasil y del movimiento estudiantil serbio al terrible accidente ferroviario de Urda, que paralizó la carrera electoral. Después llegarían la dimisión de Óscar Puente, el triunfo de los demócratas estadounidenses frente a Donald Trump —ocurrió esta misma semana, aunque suene ya incluso lejano—y un nuevo capítulo del caso Koldo, con registros de la UCO y la supuesta oferta de un millón de euros del PP al exasesor de Ábalos para declarar contra Sánchez.En realidad, el pistoletazo de salida oficial al 29N será el próximo viernes, pero antes hay convocada una huelga general por la crisis habitacional, solo a 18 días de la cita con las urnas. Una movilización que podría devolver el debate a la casilla de salida: la vivienda, el asunto que precipitó la convocatoria de elecciones.Pero más allá de los vaivenes de la actualidad, los partidos batallan para que las elecciones se disputen en su terreno. El PSOE quiere confrontar su modelo de defensa del Estado del bienestar con el de las derechas; el PP, convertir la gestión de los servicios públicos y los casos de corrupción en un argumento más en su cruzada antisanchista; Vox mantiene su ofensiva sobre inmigración y seguridad, mientras las fuerzas de la izquierda alternativa intentan devolver los problemas del día a día a la agenda política y social.“Al PP se le está haciendo larga la precampaña. Y Vox ha optado por el ruido, la bronca y la provocación permanente. No vamos a entrar ahí. Vamos a seguir hablando de los problemas reales de la gente”, aseguran fuentes de los socialistas catalanes. El PSOE, que arrancó apelando al optimismo y la esperanza, encontró poco después en las declaraciones de la portavoz popular, Ester Muñoz, sobre el supuesto colapso de las pensiones una oportunidad para poner a Feijóo contra las cuerdas y, cuando intentaba recuperar la iniciativa, la tragedia ferroviaria de Urda, el segundo accidente de este tipo en menos de un año, le obligó a recalcular su estrategia para centrarse en la gestión de la crisis.“Está bien, tranquilo y consciente de que su dimisión y cómo la ha presentado le convierte en un ejemplo de dignidad, coherencia y honestidad política”, resume un alto cargo del Gobierno sobre cómo se encuentra Óscar Puente. Su renuncia ha permitido a los socialistas recuperar la ofensiva política, reivindicando la asunción de responsabilidades del exministro frente a la actuación de otros dirigentes del PP que tras catástrofes como el Yak 42, las víctimas de las residencias en Madrid o la dana de Valencia, no dimitieron. El varapalo a Trump en las legislativas de Estados Unidos también ha servido para alimentar las esperanzas de remontada. En unos días, el PSOE ha pasado del estado de shock a recuperar el mantra de que es posible frenar a las derechas. “La movilización es la fórmula, en Brasil y en Estados Unidos, ganó el progreso gracias a la movilización, y si allí se pudo, en España también votando al PSOE. Demos una lección al mundo”, señaló el presidente este viernes en un mitin en Valencia. Desde el PP, sin embargo, insisten en que el desgaste del Ejecutivo va mucho más allá y ofrecen su particular visión apocalíptica de la realidad. “El país asiste atónito al deterioro brutal de todos los servicios públicos y a la corrupción. A la corrupción masiva del sanchismo, que no tiene día sin redada o día sin detención”, aseguraba su secretario general, Miguel Tellado.Los populares también han tenido que reajustar su estrategia. Después de semanas centrados en convertir las elecciones en un plebiscito sobre Sánchez, el accidente ferroviario les ha permitido incorporar la gestión de los servicios públicos y la seguridad de las infraestructuras a sus principales argumentos para hacerse con la Moncloa. La nueva operación de la UCO en el caso Koldo, con el registro de la vivienda del exministro José Luis Ábalos y seis personas detenidas (que fueron puestas en libertad horas después), les ha permitido además recuperar su ofensiva sobre la corrupción. Aunque la publicación, adelantada por la Cadena SER, de los audios en los que el exasesor asegura que los populares le ofrecieron un millón de euros para declarar contra Sánchez —una acusación que el PP niega— ha colocado a Feijóo en una situación incómoda. Vox, por su parte, no ha variado en exceso su discurso. Santiago Abascal abrió la precampaña con la inmigración, la seguridad y la mal llamada “prioridad nacional” como principales banderas y, mientras agita el fantasma del pucherazo electoral, ha tratado de vincular tanto la crisis de la vivienda como los disturbios de Bilbao y Barcelona con sus propuestas de mano dura en política migratoria. Tras el accidente de Urda, la ultraderecha ha redoblado sus ataques al Gobierno —fue el único partido que no canceló su agenda por el luto oficial— pero sin abandonar un relato que le funciona y con el que aspira a crecer en las urnas y disputarle al PP el voto más conservador.En la izquierda alternativa, el Frente Amplio trata de impedir que la actualidad diaria arrincone el asunto que provocó el adelanto de los comicios. “A lo largo de una campaña electoral pasan muchas cosas pero nosotros siempre hemos pensado que estas elecciones son un referéndum sobre la vivienda. Por eso estamos proponiendo medidas para solucionar el principal problema de nuestro país”, apuntan fuentes de la coalición.Con Ada Colau como candidata a la presidencia, la candidatura de Sumar, IU, Más Madrid y los comunes confía en que la huelga general devuelva el protagonismo a la crisis habitacional. La elección de la exalcaldesa de Barcelona, una de las caras más visibles de la lucha contra los desahucios, responde al intento de conectar con las movilizaciones sociales y ofrecer una alternativa al PSOE desde su izquierda. “Nosotros no hemos dejado ni vamos a dejar de hablar de los desahucios, de los alquileres imposibles, de los fondos buitre y de garantizar de una vez por todas el derecho a la vivienda en España”, apuntan. De hecho, una de sus últimas propuestas ha sido un impuesto al patrimonio de los ultrarricos. Podemos, cuya campaña gira en torno al tándem Montero-Rufián, también reivindica la necesidad de recuperar los problemas cotidianos como eje, pero con una crítica más profunda al sistema económico y a la gestión de los servicios públicos. “Estos días han quedado claras las consecuencias de un modelo que antepone el negocio de unos pocos a la vida de la gente”, señalan desde la formación morada.Mientras las formaciones políticas se disputan el relato, hay asuntos que no han conseguido ocupar un papel destacado en el debate electoral. La sanidad pública, la violencia machista o los cuidados han quedado relegados a un segundo plano pese a que afectan a millones de personas. Su ausencia resulta especialmente llamativa cuando el funcionamiento de los servicios públicos se ha convertido, tras el accidente de Urda, en un campo de batalla entre PSOE y PP. Según el último barómetro del CIS, casi el 30% de los españoles opina que el sistema sanitario necesita cambios fundamentales. Sin embargo, las listas de espera, la falta de profesionales en atención primaria o el aumento de la sanidad privada apenas se mencionan en una precampaña que habla de deterioro de lo público, pero casi siempre en relación con las infraestructuras ferroviarias. 44 mujeres, siete de ellas con órdenes de protección, han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que llevamos de año. Pero la igualdad tampoco ocupa un lugar central en los discursos políticos, a excepción de algunas menciones de dirigentes socialistas y de Irene Montero. Eso, a pesar de que Feijóo —que ya ha anunciado que recortará las políticas públicas o que reformará la ley del aborto para hacerla más restrictiva— podría gobernar con Vox, un partido negacionista de la violencia de género. Las políticas de prevención, los derechos sexuales y reproductivos o la situación de las mujeres que asumen la mayor parte de los cuidados siguen sin protagonizar los debates sobre el modelo de país que nos jugamos el 29N. Solo cuatro días antes se celebrará el Día Internacional contra la Violencia de Género.