El agujero de la capa de ozono alcanzó este año su mayor tamaño en una década, con 27,1 millones de kilómetros cuadrados el 18 de septiembre, casi tres veces la superficie de Estados Unidos. Pero el motivo no es un retroceso en la recuperación de la capa, sino una anomalía meteorológica: un vórtice polar inusualmente fuerte. Lo cuenta Gizmodo a partir del informe conjunto de la NASA y la NOAA.Que sea el mayor en diez años suena a mala noticia, y en parte lo es, pero la explicación la cambia por completo.¿Por qué ha crecido tanto este año?Por condiciones meteorológicas atípicas, no por más contaminación. Según el informe, un vórtice polar especialmente potente mantuvo el aire muy frío sobre la Antártida, y ese frío favorece las nubes estratosféricas que destruyen el ozono. Amy Butler, investigadora de la NOAA, explica que los sistemas que normalmente rompen ese vórtice estuvieron muy débiles en agosto y septiembre, lo que mantuvo los vientos más intensos lejos del Polo Sur.El agujero de 2026 llegó a cerca del 90 % del mayor jamás registrado, el del 9 de septiembre de 2000, y contrasta con el de 2025, que fue el quinto más pequeño desde 1992. Esa variabilidad de un año a otro es justo lo que delata el papel del clima: la química de fondo apenas cambia en doce meses, pero el viento sí.¿Significa que la capa de ozono va a peor?No: la recuperación sigue su curso y el Protocolo de Montreal continúa funcionando. El agotamiento lo inician contaminantes humanos con cloro y bromo, sobre todo los CFC, y Paul Newman, científico senior de la Universidad de Maryland y líder del equipo de ozono de la NASA, calcula que sin la reducción de esos contaminantes el agujero de este año habría sido entre 2,5 y 5,2 millones de kilómetros cuadrados mayor.El agujero se descubrió en 1985 y en 1987 se adoptó el Protocolo de Montreal para eliminar las sustancias que lo causan. Según Stephen Montzka, científico senior de la NOAA, el cloro en la estratosfera antártica ha bajado cerca de un tercio respecto a los niveles de los años 80, y las agencias esperan que la capa se recupere a finales de este siglo. Es un recordatorio de que la estratosfera es frágil y de que lo que soltamos al aire tarda décadas en revertirse, algo que también preocupa con los satélites y naves que se están convirtiendo en los nuevos contaminantes de la estratósfera.Mi lectura es que esta noticia es, bien entendida, una buena noticia disfrazada de mala. El titular «el mayor agujero en una década» asusta, pero el dato que importa es el otro: que la causa sea el viento y no la contaminación confirma que el Protocolo de Montreal —el acuerdo ambiental global más exitoso de la historia— sigue haciendo su trabajo. La lección es incómoda para el debate climático actual: funcionó porque fue vinculante, universal y con una alternativa industrial clara a lo que prohibía. Conviene no olvidarlo cuando el aire que respiramos sigue cobrándose vidas por otras vías, como recuerda que buena parte de las muertes que atribuimos al calor las causa en realidad la contaminación atmosférica. La atmósfera se puede arreglar; ya lo hemos hecho una vez.La noticia El agujero de ozono de 2026 es el mayor en una década, y la causa no es la que parece fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.