Cómo sería el sentimiento que avivaba Pepita de Oliva, la bailarina malagueña que en el siglo XIX causó furor en París, fiebre en Berlín, locura en Viena y delirio en Praga, que hasta se inventó el nombre de “la enfermedad del entusiasmo” para explicar lo que esta chica desataba. Seguir leyendo