En la localidad costera de Al Mawasi, al suroeste de la Franja de Gaza, Abdul Hamid Safi, de 45 años, prende fuego a restos de cartón y nailon para que su mujer pueda cocinar para sus ocho hijos. Este electricista lleva sin trabajar desde que comenzó la guerra y no puede permitirse comprar leña. Un mechero cuesta ya más de 25 dólares (22 euros) y la comida está fuera de su alcance: la carne congelada se vende a hasta 15 dólares el kilo (13 euros). La familia depende de la asistencia que le proporcionan los organismos locales y las agencias de Naciones Unidas, sobre todo el Programa Mundial de Alimentos (PMA), pero los suministros llegan de forma intermitente.Seguir leyendo