Abascal busca en Latinoamérica el impulso para adelantar al PP por la (extrema) derecha

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Santiago Abascal quiere demostrar que Vox es mucho más que un partido de extrema derecha con representación en el Congreso. Sus encuentros con el presidente argentino, Javier Milei, y el chileno, José Antonio Kast, coincidiendo con la Cumbre Iberoamericana que se celebra esta semana en Madrid, forman parte de una estrategia de proyección internacional que también tiene una lectura en clave electoral española. A poco más de tres semanas de las elecciones generales del 29 de noviembre, el líder ultra busca exhibir sus contactos con gobiernos de su misma familia ideológica como una prueba de fortaleza política y capacidad de influencia. Sin embargo, esa apuesta también entraña riesgos, a ojos de las voces expertas consultadas por infoLibre: los éxitos de sus aliados pueden reforzar su discurso, pero sus derrotas y el rechazo que despiertan pueden terminar volviéndose en su contra."Abascal quiere aparecer como un dirigente con interlocución internacional, no solamente como el líder de un partido español", explica Anna López Ortega, doctora en Ciencias Políticas y experta en extrema derecha. A su juicio, detrás de estos encuentros hay "una operación de comunicación muy calculada" con tres objetivos: "Prestigio, legitimidad y liderazgo". Las fotografías con Milei y Kast permiten al dirigente ultra proyectar la idea de que su formación pertenece a una corriente política internacional capaz de alcanzar el poder y, al mismo tiempo, aprovechar un acontecimiento diplomático para reforzar su propia marca.La profesora de Ciencia Política Ruth Ferrero-Turrión, investigadora adscrita al Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), comparte ese diagnóstico, aunque sitúa la operación en una disputa política más amplia: la que Vox mantiene con el Partido Popular por la hegemonía de la derecha española. Para ella, Abascal pretende "disputar la representación política de España en el espacio iberoamericano" y reforzar la centralidad de su partido frente a una derecha convencional a la que presenta como incapaz de liderar un cambio político, como se está viendo fuera de nuestras fronteras.La estrategia, por tanto, no se limita a ganar visibilidad fuera de España. También busca alterar la relación de fuerzas dentro del bloque conservador. "Abascal se quiere dejar de presentar como un líder de un partido que esté situado en los márgenes del sistema", sostiene Ferrero-Turrión. Su intención es aparecer como integrante de una corriente internacional con acceso a los gobiernos y capacidad para ejercer el poder.Pero las relaciones de Vox con la extrema derecha latinoamericana no comenzaron con los encuentros de esta semana. La Fundación Disenso, el Foro Madrid y el proyecto de la Iberosfera constituyen, según los especialistas consultados, una estructura política que ha permitido a la formación de Abascal estrechar vínculos con dirigentes, organizaciones y espacios ideológicos al otro lado del Atlántico.Guillermo Fernández-Vázquez, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid y especializado en la extrema derecha francesa, considera que ahí reside una de las principales fortalezas internacionales de Vox. La formación española ha logrado presentarse como una bisagra entre la nueva derecha latinoamericana, la derecha radical europea y el movimiento conservador estadounidense vinculado a Donald Trump."Vox es más que Vox, es el puente con Latinoamérica", resume el politólogo, que atribuye a esa posición parte de la influencia internacional de Abascal, superior a la que cabría esperar únicamente porsu peso electoral en España. Esta red, además, tiene una utilidad que trasciende la exhibición pública de sus dirigentes. Ferrero-Turrión señala que permite intercambiar estrategias de comunicación, contactos políticos y experiencias de movilización electoral, además de coordinar agendas internacionales. López Ortega introduce una distinción fundamental: "No hay que confundir una fotografía con un acuerdo institucional". Lo que estas organizaciones y dirigentes intercambian es visibilidad, legitimidad recíproca, contactos y estrategias políticas.En la misma línea, Fernández-Vázquez resta importancia a los encuentros bilaterales frente al trabajo desarrollado en las cumbres de la Iberosfera impulsadas por Disenso. Es en esos espacios, explica, coinciden dirigentes latinoamericanos, representantes de la extrema derecha europea y organizaciones estadounidenses, y se comparten experiencias organizativas y estrategias digitales, también dirigidas a captar al electorado joven.La reunión de Abascal con Milei y Kast constituye así, en palabras del profesor de la Universidad Carlos III, "una pequeña ventanita" de una estructura de relaciones mucho más amplia. La verdadera influencia de esas alianzas no se mide exclusivamente por la presencia de los líderes en una fotografía, sino por la circulación de discursos, contactos y herramientas políticas entre organizaciones que comparten objetivos ideológicos.Precisamente por la relevancia de esas redes internacionales, Fernández-Vázquez considera llamativo el escaso protagonismo que Vox ha concedido a la Cumbre Iberoamericana de Madrid. El politólogo sostiene que la formación podría haber aprovechado el acontecimiento para exhibir sus relaciones con varios gobiernos latinoamericanos y presentarse como un interlocutor más influyente que el PP en determinados países."Vox podía haber utilizado esta cumbre iberoamericana para mostrar a los españoles que, en cierto sentido, y respecto a América Latina, ha sorpasado al Partido Popular en las relaciones internacionales", argumenta. Sin embargo, a su juicio, la explicación de ese perfil relativamente bajo se encuentra en las prioridades electorales de la formación. Vox está concentrado en aumentar su representación parlamentaria y llegar a la negociación posterior a las elecciones en la posición más ventajosa posible frente al partido de Alberto Núñez Feijóo.La dimensión internacional quedaría así subordinada al “tablero político español”. “No se trata únicamente de fortalecer las relaciones con Milei o Kast, sino de convertir esa proximidad en un activo para disputar al PP la dirección del espacio de la derecha y mejorar las condiciones de una eventual negociación de gobierno”, argumenta Fernández.En ese sentido, López Ortega considera que la exhibición de alianzas internacionales también permite construir una expectativa electoral favorable. "Si el votante cree que una corriente está creciendo internacionalmente, puede pensar que votar a Vox es apostar por el futuro", señala. El objetivo último, a su modo de ver, es generar una percepción de fuerza que “trascienda los resultados obtenidos hasta ahora” por la formación de Abascal.La politóloga advierte, además, de que los referentes internacionales “contribuyen a normalizar determinados discursos políticos” que anteriormente podían encontrar una mayor resistencia social, entre ellos el de Milei. Abascal no busca únicamente reforzar las convicciones de sus simpatizantes, sino presentar a Vox como parte de una transformación política más amplia, cuya expansión se proyecta como inevitable.El problema para el líder de Vox es que esa identificación con el ascenso de la extrema derecha internacional implica asumir también sus retrocesos. Los resultados electorales recientes en Brasil con la victoria de Lula da Silva sobre Flavio Bolsonaro y la derrota republicana en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos cuestionan la imagen de una corriente política que avanza sin obstáculos y abren interrogantes sobre el coste de vincularse estrechamente a dirigentes sometidos a un creciente desgaste.Ferrero-Turrión reconoce que esos resultados pueden constituir "una debilidad evidente" para el proyecto internacional de Abascal, aunque rechaza interpretar los reveses electorales como el principio de un retroceso generalizado de la extrema derecha. A su juicio, las urnas han demostrado que es posible frenar a las fuerzas reaccionarias, pero tanto en España como en el conjunto de Europa estas organizaciones conservan una notable capacidad de influencia política y cultural.López Ortega también pide evitar conclusiones precipitadas. "No estamos ante el final de la extrema derecha, pero tampoco ante una victoria inevitable", sostiene. La especialista recuerda que estas formaciones pueden llegar al gobierno, perderlo y volver a crecer. En consecuencia, la percepción de que forman parte de una corriente histórica destinada a imponerse constituye una herramienta de movilización, no una garantía electoral.Ambas coinciden en que la situación española tiene características propias. López Ortega considera que Vox atraviesa un momento favorable y que su principal objetivo, acabar con el Gobierno de Pedro Sánchez por todos los medios, le permite situar sus contradicciones en un segundo plano. A ello se suma, según su análisis, la actitud del PP, cuyos acuerdos con la extrema derecha contribuyen a normalizar su presencia institucional.Fernández-Vázquez introduce otro elemento de vulnerabilidad: la estrecha vinculación de Vox con Donald Trump. A su juicio, el apoyo de Abascal al movimiento conservador estadounidense limita su margen para distanciarse de decisiones impopulares de Washington y ofrece a sus adversarios un flanco político que no siempre aprovechan. El politólogo considera especialmente significativo que otras formaciones de la extrema derecha europea hayan expresado críticas a actuaciones estadounidenses de las que Vox no se ha desmarcado. La otra incógnita de la estrategia internacional de Abascal es su verdadera rentabilidad electoral. La presencia de Milei y Kast puede entusiasmar a los simpatizantes de Vox, pero no necesariamente ampliar su base de votantes. Incluso podría producir el efecto contrario.Ferrero-Turrión se muestra escéptica sobre la capacidad de estos encuentros para atraer nuevos apoyos. Los sectores más identificados con Vox, argumenta, ya presentan niveles elevados de movilización. En cambio, la exhibición de sus alianzas con la extrema derecha internacional puede incentivar la participación de votantes progresistas y moderados preocupados por su avance. En un contexto de fuerte polarización, advierte, "la movilización del voto contrario siempre puede terminar siendo mucho más importante que la fidelización de los propios votos".López Ortega coincide en esa lectura y distingue entre dos posibles efectos: el refuerzo del electorado propio y la activación del adversario. Para los simpatizantes de Vox, Milei y Kast pueden representar modelos políticos a seguir. Para otros sectores de la sociedad, sus imágenes junto a Abascal pueden actuar como un estímulo para acudir a las urnas y tratar de impedir el avance de la extrema derecha.La especialista añade que una parte del electorado ultra consume información en espacios digitales donde predominan los mensajes que confirman sus posiciones políticas. Esa dinámica, unida a la desconfianza hacia los medios tradicionales, dificulta que las críticas externas modifiquen sus preferencias electorales.Por eso, considera que la respuesta política a estas alianzas no debería limitarse a denunciar los vínculos personales de Abascal con sus socios internacionales. La disputa debe centrarse también en los modelos de sociedad que representan y en los efectos concretos de sus políticas. "Hay que pasar de discutir sobre los líderes a discutir sobre las consecuencias de sus políticas", defiende.