En el número 20 de la Sonnemanstrasse de Fráncfort, sede del Banco Central Europeo (BCE), se respira un ambiente extraño. La mandamás del edificio, y por extensión de la política monetaria del euro, sigue siendo Christine Lagarde, pero el proceso de relevo ya funciona a toda máquina. Y está tan igualado que, pese a que restan muy pocos meses para conocer su desenlace, nadie tiene ni un indicio claro sobre quién sucederá a la francesa al frente del Eurobanco.Seguir leyendo....