Al ponerse esas gafas moradas, cambió la visión de todo lo que la rodeaba y contempló la cruda desigualdad. Se dio cuenta de su error: de que lo que ella hacía no estaba al alcance de todas, de que no era solo cuestión «de motivación, de ganas», sino que existía una pesada mochila social que impedía al resto alcanzar la libertad de la roca. «Se llama el síndrome de la abeja reina», remarca para definir su ceguera, ese efecto psicosocial de las mujeres que alcanzan el éxito en un área masculinizada y se distancian de otras mujeres.Seguir leyendo....