La temporada de primavera en Occidente está amenazada por la ola de protestas en un país que pocos pueden señalar en el mapa. Los trabajadores de Bangladesh, segundo fabricante mundial de ropa, entran en su segunda semana de huelgas por un salario decente sin que los gestos del Gobierno mitiguen su ímpetu. El conflicto nace en pretensiones difícilmente conciliables: la del mundo opulento a comprar camisetas a tres euros y la de los que las tejen a una vida digna.Seguir leyendo....