Sam Altman contra las cuerdas: el juicio Musk-OpenAI destapa acusaciones de mentiras reiteradas

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Sam Altman ha pasado este martes por el banquillo de un tribunal de California obligado a admitir, por primera vez en público, que posee acciones de OpenAI de forma indirecta a través de Y Combinator, un dato que había ocultado hasta ahora y que ya ha desatado una investigación parlamentaria. El juicio, que decidirá si OpenAI sigue siendo una organización sin ánimo de lucro, arrancó con tres días de testimonio de Elon Musk en el estrado, quien sembró dudas sobre la credibilidad de quien hoy dirige la compañía.La demanda tiene su origen en los primeros años de OpenAI, cuando se presentaba como un proyecto filantrópico cuyo único objetivo era beneficiar a la humanidad. Musk donó 38 millones de dólares en aquella etapa y ahora alega que sus ejecutivos se aliaron con Microsoft para saquear una organización benéfica según recoge Ars Technica, reclamando 150.000 millones de dólares en daños que promete donar a la rama sin ánimo de lucro de OpenAI.Sam Altman en el estrado: accionista, consejero delegado y acusado de mentirAltman es consejero delegado de ambas ramas de OpenAI, la con y la sin fines de lucro, y ante la jueza Yvonne Gonzalez Rogers ha tenido que reconocer que esa participación accionarial indirecta vía Y Combinator es un dato que omitió en su comparecencia ante el Congreso, algo que comentábamos al principio de la noticia.Lo que esta admisión ha desatado es una investigación del Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental, presidido por el representante James Comer. Altman insiste en que Musk solo busca venganza porque no fue elegido consejero delegado y porque su empresa rival, xAI, va por detrás, pero esa narrativa no le ha resultado fácil de sostener en el estrado.El momento más tenso del interrogatorio llegó cuando el abogado de Musk, Steven Molo, le preguntó a Altman si él mismo era "completamente fiable". Altman respondió primero "creo que sí" y, ante la insistencia, un escueto "sí". Molo le recordó entonces que su propio cofundador, Ilya Sutskever, había redactado un dossier de 52 páginas sobre su "patrón consistente de mentiras", y Altman, en lugar de refutarlo, se limitó a decir que "cree que es una persona veraz".El juicio también ha sacado a la luz el episodio de 2023 en el que la junta directiva destituyó a Altman, quien admitió que estuvo "extremadamente enfadado" y que llegó a barajar una oferta de Microsoft para liderar un departamento de investigación en IA. Lo calificó como "una traición increíble, muy dolorosa, muy pública, unos días de locos". Acabó volviendo porque, dijo, "me importaba la misión y la gente", aunque esa clase de declaraciones encajan mal con sus propias promesas sobre plazos de la IA, incluida la superinteligencia para finales de 2028, con la apostilla de que sus propios cálculos "podrían estar equivocados".Los conflictos públicos de Altman tampoco son una novedad. Declaró que Musk intentó "matar" a OpenAI en dos ocasiones, a lo que Musk respondió, cuando le preguntaron quién podría sucederle al frente de la organización, que "quizá el control debería pasar a mis hijos", un comentario que Altman calificó de "particularmente espeluznante". No es un patrón aislado: la guerra de memos con Anthropic, en la que OpenAI difundió un documento interno burlándose de la "cultura del miedo" de la compañía de Dario Amodei, ilustra bien cómo gestiona Altman la rivalidad con sus competidores.Los alegatos finales comienzan este jueves y la jueza podría dictar sentencia la semana que viene. Lo que está sobre la mesa es quién controla OpenAI, de dónde proviene su financiación y quién puede beneficiarse de sus tecnologías, tres preguntas cuya respuesta podría reescribir la estructura de poder de la IA tal y como la conocemos.