“...Los ciudadanos pusieron al frente del pueblo a Fermín Salvochea; el nombre de este joven no será olvidado fácilmente” (Elías Reclus, 1868, citado por Puelles).En agosto y septiembre de 1935, varios lectores de la publicación anarquista La Revista Blanca preguntan por una vida de Fermín Salvochea que andaba escribiendo el escritor y periodista aragonés Felipe Alaiz. Este contesta “a unos y a otros” que su libro sobre el anarquista y federalista gaditano “saldrá a fin de octubre próximo, en un tomo de 600 páginas, aproximadamente”. No sabemos nada más de este volumen, que a lo mejor se pospuso unos meses... Un año después del anuncio, en plena Guerra Civil, Alaiz estaba ocupado en menesteres más inmediatos desde la republicana Lleida, donde colaboraría con Tierra y Libertad, de la FAI, y dirigirá el medio local Acracia. La toma de Barcelona lo exilió a Francia, que lo recibió con un campo de concentración en el Midi.¿Qué fue de aquel manuscrito de seiscientas páginas? ¿Dónde acabó? La proximidad de la fecha anunciada y la estimación de su longitud indican una biografía prácticamente terminada, al contrario de la que preparaba por aquel entonces Pedro Vallina, el cual sólo había reunido documentación y se disponía a viajar a Cádiz y otros lugares salvocheanos cuando estalló la Guerra Civil y perdió su archivo. Salvochea ya había profetizado a Vallina en vida que su labor documental “sería destruida por los enemigos”.Folios que se traspapelan en una guerra... Emilio Mistral sí consiguió completar una breve Vida revolucionaria de Fermín Salvochea en 1937. Veinte años después, a la avanzada edad de 79 años, Vallina publicó desde las selvas de Oaxaca, México, sus memorias de Salvochea (Crónica de un revolucionario, 1958), lamentando la destrucción de las fuentes documentales. Habrá que esperar a la recta final del franquismo para apreciar un tímido resurgir del interés por Salvochea, en especial en un puñado de autores activos en el Cádiz de la Transición. Tras dos décadas de labor, en 1984 el gaditano Fernando de Puelles y Puelles editaba en una imprenta de Sevilla Fermín Salvochea. República y anarquismo. Es ampliamente considerada la biografía más seria hasta la fecha del revolucionario gaditano. Edición de escasa tirada y a cargo del autor, dimana de una larga investigación que lo llevó por archivos nacionales y al Instituto Internacional de Estudios Sociales de Ámsterdam. La introducción de Puelles señala que se echaba de menos una “biografía documentada que nos permitiera conocer mejor al personaje”. La suya rellena, por fin, este hueco: un trabajo que otorga “particular atención al documento” y se vale de numerosos textos desconocidos, entre ellos “el conjunto de los escritos biográficos de Salvochea, principalmente aquéllos que se refieren a los años pasados en los presidios africanos”. Pese a estos clarines, la obra pronto se confiesa un “adelanto de una edición de mayores dimensiones, donde el aparato erudito, apéndices y bibliografía ayudarán a un mayor conocimiento del personaje”. En efecto, Puelles se reservó todo el trabajo de bibliografía y fuentes para una segunda edición, sin más esperanza para ella que la autopublicación, a la que se resignara después de las numerosas fatigas que le acarreó sacar a luz la primera.Fernando de Puelles en la contraportada de Los libros en la aventura del espíritu (1987).- Describe el biógrafo su carrera detrás del líder cantonalista en una entrevista con el Diario de Cádiz de 1986: “Yo, en realidad, a Salvochea no lo comprendo. Es algo tan desmedido, tan absoluto, que yo no puedo desenvolverme en ese terreno. Yo lo he estudiado con un enorme amor, con una enorme obsesión. Él persiguiendo las ideas y yo persiguiéndolo a él. Dos locos, vamos”. Persiguiendo la Idea, vocablo del viejo anarquismo y rima común de Carnaval para el apellido de ese hombre austero de principios inexpugnables, a quien el propio Sagasta habría declarado insobornable: “¿Cree usted que se puede comprar a un hombre que vive de pan y queso?”.Cinco años después de esta biografía, en 1989, aparece Aproximación histórica a Fermín Salvochea de Ignacio Moreno Aparicio, la única hasta el momento editada en una prensa institucional, aunque de índole confesamente aproximativa y con muy pocas notas. Para aquel entonces Fernando de Puelles había publicado dos obras literarias y proyectado muchas más, incluidas una biografía de Mendizábal, una de Largo Caballero subtitulada La Burocracia stalinista y la Contrarrevolución en España y otra sobre ese trasunto de Salvochea, Jesús, el Galileo. Aquella edición ampliada de la biografía de Salvochea no parecía ser una prioridad para él, de momento... Tras la muerte del escritor en un accidente automovilístico en Manilva (Málaga) en 1991 no se localizó el manuscrito. Según se cuenta, “el conductor del vehículo y responsable del atropello se dio a la fuga y ha permanecido en el anonimato hasta la actualidad”. Como en aquellos papeles truncados por la Guerra Civil, tampoco en este caso sabemos quién fue el agente de la vieja maldición.