El CEIP Federico Mayo de Jerez celebra este jueves una jornada que es mucho más que un acto escolar. El colegio une en una sola mañana el Día de las Familias —que este año coincidió con la Feria del Caballo— y el Día de la Diversidad Cultural, dando lugar a una celebración en la que padres, madres, abuelas y alumnado de doce nacionalidades distintas compartien sus culturas, sus gastronomías, sus tradiciones y sus historias de vida en el propio patio del centro.Y es que el 25% del alumnado del Federico Mayo es de origen extranjero, lo que convierte a este colegio del barrio jerezano de El Chicle en una especie de ONU a pequeña escala. "Vimos que era una oportunidad para poner en valor la diversidad y compartir en comunidad. El objetivo es que hay que amar lo que se conoce, y si no conocemos otras realidades y otras culturas, ¿cómo vamos a quererlas?", explica a lavozdelsur.es la jefa de estudios, Alma Pozo, que subraya que la actividad forma parte del Plan de Convivencia del centro.El stand sobre Marruecos, en el colegio. MANU GARCÍALa mañana arranca en la pista del colegio con un acto de bienvenida a las familias en el que se escucha un podcast del programa Sintonizarte, retransmitido semanalmente por el alumnado del centro y que en esta ocasión fue grabado por las propias familias en torno al tema del Día de la Familia y la Diversidad Cultural. El broche musical lo puso la canción El mensaje del agua de Macaco, himno del lema de este curso: Remamos a una. "Habla de que somos una marea de gente remando al mismo lugar", explica Pozo.Doce stands, doce culturas, doce historias de vidaDurante la jornada, también se celebra una gincana por los doce stands montados por familias de cada nacionalidad representada en el centro. Marruecos, Pakistán, Sáhara, Líbano, Polonia, Siria, Perú, Colombia, Venezuela, Cuba, República Dominicana y Ecuador ponen cara y voz a geografías que muchos niños apenas conocían, con objetos típicos, trajes tradicionales, mapas, gastronomía y música.El stand sobre Siria, en el CEIP Federico Mayo.-MANU GARCÍASafa, representando a Marruecos, despliega ante los alumnos utensilios de cocina, una pizarra antigua para escribir versículos coránicos, una chilaba, la característica bandeja con tetera para el té, billetes marroquíes y productos de estética. "Hablamos de la gastronomía, de los platos típicos, del idioma, de la religión... para que los niños vayan aprendiendo", explica.Ahmad, padre de tres hijos escolarizados en el centro, representa a Pakistán junto a su familia. "Me gusta mucho estar aquí con los niños, que al menos el resto de compañeros conozcan la cultura", señala, valorando especialmente que sus hijos vean reconocido su origen en el entorno escolar.Soukeyna, abuela de dos nietos matriculados en el colegio, trae consigo la cultura saharaui: el ritual del té, los trajes tradicionales, la bandeja ceremonial y los perfumes e inciensos elaborados artesanalmente. "Los olores salen en las calles, en la ropa, en la gente", describe con afecto al hablar de los aromas que acompañan la vida cotidiana en el Sáhara.Uno de los stands instalados por el Día de las Familias, para hablar sobre el Sáhara.-MANU GARCÍAShaima, madre de dos alumnos, que representa al Líbano, lleva cuatro años en España, habiendo salido a raíz del estallido de la guerra. Solo tenía fotografías: "No tengo cosas de mi país porque llevo 15 años fuera", reconoce. Aun así, muestra imágenes de comida, dulces, ropa y elementos representativos de la cultura libanesa, y llevó un sello para regalar a los más pequeños.Cuba está presente en el CEIP Federico Mayo de Jerez.-MANU GARCÍASalsa, desayuno compartido y una comunidad que rema a unaTras la gincana, toda la comunidad educativa volvió a reunirse en la pista para una sesión de baile: un profesor del centro que imparte clases de salsa había seleccionado ritmos de distintos países representados en el colegio, y alumnado, familias y docentes bailaron juntos al son de músicas que venían de todos los rincones del mundo.La mañana se cierra en el CEIP Federico Mayo con un desayuno compartido: cada familia había traído comidas típicas de su país que se pusieron en común en una zona arbolada del colegio, convirtiendo el cierre de la jornada en una auténtica celebración de la diversidad a través del sabor.