La sobrecarga asistencial, los turnos insostenibles, la difícil conciliación, el agotamiento mental —que aún se arrastra de la pandemia— y la precariedad salarial son el telón de fondo que explica la cantidad de profesionales que quieren dejar la enfermería, el pilar sobre el que descansa el cuidado de los pacientes. «No hay semana que alguien no diga 'cualquier día mando todo a tomar por saco y me voy'», explica a ABC Víctor Pozo, enfermero en el Hospital Universitario Infanta Leonor (HUIL), que, a continuación, reflexiona: «Hay hartazgo porque es una profesión que desgasta mucho a nivel mental, y a nivel físico también con los turnos de noche, trabajar en festivo, librar un fin de semana al mes... Con lo del hantavirus me dijo una compañera el otro día: 'Conmigo que no cuenten para otra pandemia'». Ese hartazgo lo reflejan los datos. El 39,6 por ciento de las enfermeras y enfermeros manifiestan su intención de abandonar la profesión en los próximos diez años. Y un 17 plantea hacerlo antes de los próximos dos. Es el resultado de la investigación liderada por el Ministerio de Sanidad y el Instituto de Salud Carlos III, a través de Investén-isciii, publicada en la revista científica 'Journal of Nursing Management'. Los autores entrevistaron a más de 20.000 profesionales de enfermería de todos los ámbitos asistenciales y comunidades autónomas para elaborar el mayor estudio realizado en España sobre este problema. Entre las principales conclusiones del estudio, muchos sanitarios perciben que la seguridad sanitaria y los cuidados de los pacientes no están suficientemente garantizados. Las enfermeras que consideran mala la seguridad del paciente presentan un 81 por ciento más de probabilidad de querer abandonar y aquellas que perciben una baja calidad asistencial tienen un 71 por ciento más de riesgo. Todo esto genera frustración no solo en los sanitarios, sino también en los pacientes. «Los aplausos de las ocho de la tarde han pasado a las tortas e insultos de pacientes y familiares descontentos», explica Pozo. El macroestudio destaca la contratación temporal, que aumenta un 33 por ciento la probabilidad de intención de abandono, y la falta de tiempo que termina en omisión de los cuidados, otro problema citado por el 60 por ciento de los encuestados. Los sindicatos llevan años pidiendo medidas para evitar el encadenamiento de contratos temporales que llevan a estos profesionales a una espiral de precariedad. Así, falta de estabilidad laboral es señalada por más de la mitad (56,5 por ciento) de los participantes como motivo principal para querer dejar su trabajo. El enfermero Pozo recuerda que justo esta semana un compañero de su planta que está en el HUIL cubriendo una baja le confesó que en el anterior hospital trabajó 19 años y atendía a 16 pacientes. A pesar de amar su profesión, igual que sus compañeros, relata que esta presión, a veces, les hace tirar la toalla. «Con los cambios de destino que tuvimos hace año y medio, cuatro compañeras se dieron de baja por ansiedad… Yo mismo estuve a punto hace un año», lamenta. Precisamente, el Consejo General de Enfermería de España reaccionó este jueves al estudio de Sanidad y denunció que, según sus datos, «el 23 por ciento de las enfermeras se han visto obligadas a pedir la baja por algún problema derivado de la carga emocional que genera la presión asistencial». «Es mucha presión día a día con mucha responsabilidad», reflexiona el enfermero del HUIL, que considera además que está «mal pagado» y «en algunos aspectos aún poco reconocida». Según los encuestados, ese escaso reconocimiento profesional afecta a un 31,5 por ciento hasta el punto de querer abandonar. Mientras que el salario insuficiente fue mencionado por un 5,3 por ciento de los encuestados y la sobrecarga asistencial, por el 3,5. Las jornadas superiores a 7,5 horas muestran un impacto especialmente negativo, mientras que los turnos de 12 horas aparecen asociados a menores tasas de intención de abandono. También el turno de tarde supone un riesgo un 48 por ciento superior respecto al turno de mañana. En atención primaria, se detectó que no ejercer como especialista después de tantos años de formación incrementa también un 56 por ciento el riesgo de intención de abandono, según el macroestudio. También está el indicador de las diferencias en estabilidad laboral, reconocimiento profesional y condiciones entre territorios. Por ejemplo, comunidades como Madrid, Canarias, Galicia y Baleares presentan más del doble de probabilidades de intención de abandono que otras como Navarra.