Los arqueólogos esperaban encontrar restos dispersos o cremaciones aisladas, típicas del mundo romano. En cambio, apareció una enorme fosa colectiva llena de jóvenes guerreros enterrados con armas, armaduras y señales de combate. La escena contradice prácticas funerarias conocidas del Imperio y revela una historia que jamás quedó escrita en los registros oficiales.