Cádiz llora la muerte de Antonio, el último 'pregonero buscavidas' de los espárragos y las coquinas

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Cádiz despide a Antonio, uno de esos rostros inseparables de la vida cotidiana gaditana que durante décadas recorrió sus calles vendiendo espárragos, coquinas y camarones. A los 87 años ha fallecido uno de los vendedores ambulantes más conocidos de la Tacita de Plata, un hombre cuya voz formaba parte del paisaje sonoro de la ciudad y que convirtió su pregón en una seña de identidad para generaciones de vecinos.Conocido por anunciar sus productos al grito de "llevo los espárragos, los espárragos", Antonio era considerado por muchos como uno de los últimos grandes pregoneros populares de Cádiz. Su figura, siempre presente sin importar el frío o el calor, representaba la imagen de una forma de vida ligada al esfuerzo diario y al trabajo callejero para sacar adelante a su familia.El adiós a una figura inseparable de las calles de CádizLa noticia de su fallecimiento ha provocado numerosas muestras de cariño y reconocimiento. El histórico fotógrafo gaditano Joaquín Hernández Kiki ha recordado en sus redes sociales que Antonio "hizo de su pregón un canto a la vida del currante, de esa gente humilde que pelea cada día sin pedir nada a nadie". También ha destacado que "su voz formaba parte de las calles de Cádiz" y que "Antonio se ha ido a pregonar donde van los grandes".Kiki ha subrayado además el valor humano del vendedor ambulante, al asegurar que "Antonio era de esas personas que merecen las medallas que otros reciben sin haber luchado ni la mitad. Un hombre bueno, humilde y trabajador". Sus palabras han servido para resumir el sentimiento de muchos gaditanos que veían en él un símbolo del Cádiz más popular y cercano.Una vida dedicada al trabajo y a la familiaTambién Joaquín Aparicio ha querido despedirse de Antonio con un emotivo mensaje en el que ha afirmado que "nuestro tito Antonio se fue anoche a pregonar al cielo". En su recuerdo, ha señalado que el vendedor pasó "toda su vida en las marismas, hiciera frío o calor", enfrentándose a "la vida más dura".Aparicio ha descrito el sacrificio diario de Antonio, recordando los kilómetros recorridos vendiendo espárragos y coquinas "para poder llevarse un trozo de pan a la boca". En su despedida también ha imaginado que "en las calles del cielo de los gaditanos buenos se escuchará tu pregón".