Hablar de estrés, ansiedad o agotamiento laboral estuvo durante décadas asociado a falta de carácter o resistencia. Sin embargo, nuevas miradas desde la salud mental sostienen que quienes crecieron en esas décadas desarrollaron una mayor alfabetización emocional y comenzaron a cuestionar una idea profundamente instalada: que aguantar todo en silencio era sinónimo de fortaleza.