Los cubanos conocen el peso simbólico del apellido Castro y como si no hiciera falta decirlo, a sus portadores los llamaron Fidel y Raúl. Un linaje no se construye solo con nombres de pila, y por eso, cuando el líder histórico ya no está y su hermano se asoma a los 95 años, decir nuevamente Castro en voz alta tiene implicancias políticas relevantes, aunque a veces reclama precisiones. Sandro Castro, nieto de Fidel e hijo del ingeniero Alexis Castro y Rebecca Arteaga, es un bon vivant que hace saber a través de las redes sociales de los beneficios de su pertenencia familiar. Le gusta la noche y la cerveza. Sobre todo, ser visto. Raúl Guillermo Rodríguez Castro es todo lo contrario: el abuelo Raúl lo ha encumbrado y, con su bajo perfil pero resonante ascenso, se ha convertido desde que comenzó el año en una pieza importante del conflicto entre la isla y Estados Unidos por su papel de secreto interlocutor de los enviados del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, y del mismo jefe de la CIA, John Ratcliffe, durante su reciente visita a La Habana.Seguir leyendo....