The Document Foundation (TDF), la organización sin ánimo de lucro detrás de LibreOffice, ha vuelto a cargar contra Microsoft por el uso de OOXML, el formato de documentos de Office, al que acusa de ser engañoso, restrictivo y perjudicial para los usuarios. El asunto no es nuevo, ni mucho menos, pero encaja de lleno en el debate actual sobre soberanía digital, control de los datos y dependencia tecnológica.Tal y como recogen nuestros compañeros de MuyComputer, la fundación insiste en una idea de fondo: no puede haber soberanía digital real si los documentos de una organización, una administración pública o un usuario dependen de un formato controlado en la práctica por un único proveedor. Y de ahí su defensa de ODF (Open Document Format) como formato abierto frente al al propio de la suite de Microsoft y estándar de facto, OOXML.«La soberanía digital comienza con el formato del documento», explican. «Todo lo demás —ubicación del servidor, jurisdicción de alojamiento, cláusulas de contratación— se deriva de esta única decisión. Si el formato es estándar y abierto, el usuario controla el documento. Si el formato es propietario, el proveedor lo controla, incluso cuando el archivo reside en el disco duro del usuario».La diferencia, según TDF, no es menor, ya que ODF fue diseñado y desarrollado como un estándar abierto: documentado de forma clara, elaborado de manera transparente por un organismo independiente, con control de versiones, basado en estándares existentes y almacenado en archivos XML que cualquier usuario puede leer. Es decir, fue concebido como un formato pensado para garantizar la independencia del usuario y la interoperabilidad a largo plazo.Pero «nada de esto se aplica a OOXML», aseguran; y recuerdan que «OOXML fue aprobado como estándar ISO mediante un proceso que constituyó una afrenta a la transparencia, la ética, el sentido común y el respeto por los usuarios», por no mencionar que «el formato está documentado de forma que desalienta la consulta —más de 7500 páginas— y fue desarrollado por Microsoft a puerta cerrada en Redmond».The Document Foundation apunta a problemas técnicos y de diseño que, a su juicio, explican por qué OOXML no puede equipararse a un estándar abierto en sentido estricto, aunque de hecho —y no solo de facto— lo sea: «No tiene control de versiones. No utiliza estándares independientes. Al contrario, recurre a formatos propietarios de Microsoft siempre que es posible, en algunos casos formatos que la propia Microsoft había dejado de usar por falta de aceptación del mercado. Ni siquiera es compatible con el calendario gregoriano. Los esquemas XML son de una complejidad casi absurda».La crítica no se queda ahí habla de una «táctica del engaño» porque el documento parece inofensivo para el usuario por su aparente simplicidad, mientras que por debajo arrastra una complejidad y una dependencia que han sido documentadas desde la introducción de OOXML por expertos independientes. Esta es la queja más recurrente desde su aprobación.«En cambio, la ISO se creyó la versión Transitoria/Estricta. Y una vez que la ISO la creyó, los gobiernos y los políticos también, apresurándose a adoptar OOXML como formato de documento por temor a que Bill Gates y Steve Ballmer se ofendieran y actuaran en consecuencia», explican. Al hacerlo, añade TDF, pusieron datos privados de los ciudadanos en manos de Microsoft y reforzaron un monopolio que ya era evidente antes de OOXML y que desde entonces se ha vuelto más difícil de desmontar.La posición de la fundación es tan rotunda a este respecto como lo ha sido siempre: ODF debería utilizarse como formato nativo, mientras que OOXML debería quedar relegado al intercambio con usuarios que sigan trabajando con el formato de Microsoft, ya sea por costumbre, por falta de información o por mera comodidad.«La decisión de adoptar OOXML como formato nativo va en contra de los intereses de gobiernos, organismos supranacionales, organizaciones de todo tipo y empresas. Pero, sobre todo, va en contra de los intereses de los usuarios, ya que explota su falta de información en lugar de invertir en su formación y en su soberanía digital», concluye The Document Foundation.La batalla viene de lejos y no parece que vaya a terminar pronto. LibreOffice y The Document Foundation llevan años defendiendo ODF como alternativa abierta en un terreno donde Microsoft Office continúa marcando la pauta por pura inercia de mercado. Pero el contexto ha cambiado: cuando gobiernos, instituciones y empresas hablan cada vez más de soberanía tecnológica, el formato en el que se guardan los documentos deja de ser un detalle menor.Con todo, conviene recordar que ODF celebró su vigésimo aniversario el año pasado y que su adopción institucional se ha extendido notablemente durante este tiempo: de organismos como la ONU o la OTAN, a diferentes gobiernos europeos y latinoamericanos, el estándar abierto tiene una presencia cada vez mayor en sus administraciones, aunque su implantación real sigue chocando con la inercia de Microsoft Office y con, valga la redundancia, la realidad.La entrada TDF (LibreOffice) vuelve a cargar contra Microsoft por OOXML: «No existe soberanía digital sin ODF» es original de MuyLinux