Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Hebreos 4:14-15 Amado Padre que estás en el cielo, acudimos a Jesucristo, quien está a tu derecha y por quien has prometido dar ayuda a todo el mundo. Únenos con él para poder recibir autoridad y ayudar a toda persona conforme a tu voluntad. Que mantengamos la santidad de tu nombre entre nosotros, porque tus hijos tienen muchas razones para regocijarse en el Salvador que nos has dado. Te damos gracias por todo lo que has mostrado a los que creen en ti. Te pedimos apurar el tiempo cuando tu día llegue con gloria, el día cuando glorificarás a Jesucristo, cuando él reine y triunfe sobre todo mal y lleve la paz que siempre has querido dar al mundo. Nosotros lo esperamos y anhelamos. Amén. Artículos recientes de Plough Kathleen A. Mulhern Esperando Pentecostés con María Entre los que estaban reunidos en Pentecostés, solo María sabía ya lo que significaba estar llena del Espíritu Santo. Leer Maureen Swinger Pequeña persona, gran bienvenida Traer a un bebé a casa en el Bruderhof no es cosa menor. Leer