El descubrimiento arqueológico en Fincha Habera, en las montañas de Etiopía, demuestra que los seres humanos lograron adaptarse a entornos extremos muchísimo antes de lo que se pensaba. Allí encontraron agua procedente del deshielo, obsidiana para fabricar herramientas y una fuente inesperada de alimento: enormes roedores de alta montaña que fueron esenciales para su supervivencia.