Edición original: Toda la sangre sabe a hierro (Harriet Ediciones, 2026)Guion: Gregorio Muro HarrietDibujo: Carlos VarelaAdaptación gráfica:: Mikel MuroFormato y precio: Cartoné. 112 páginas. 25€Vida y muerte entre el humo de los altos hornos.«Hay que seguir trabajando para esta maldita mina que nos lo arrebata todo… que nos arrebata el alma.»Hace varios años que Gregorio Muro Harriet (San Sebastián, 1954) me conto que estaba preparando Toda la sangre sabe a hierro, un cómic que transcurría a principios del s. XX en la zona minera de la margen izquierda de la Ría del Nervión. Es la zona donde he vivido toda mi vida, así que tenía muchas ganas de que viera la luz. Unas ganas que se multiplicaban exponencialmente cada vez que me lo encontraba ya que me enseñaba algunos de los increíbles dibujos que Carlos Varela (Bilbao, 1957) estaba realizando de lugares de Gallarta, Portugalete, Barakaldo o de Bilbao. Unas zonas que prosperaron gracias a una industria siderúrgica que estaba impulsada por el trabajo de millares de inmigrantes venido de todas las partes del país en busca de una vida mejor. Aunque desde los años ochenta toda esa industria siderúrgica ha ido despareciendo progresivamente de la zona, ha dejado una marca indeleble en tanto en los lugares como en todos los que hemos crecido aquí. Sin embargo, pese a la importancia de esos años para el desarrollo de la zona no hay muchos relatos de ficción que nos cuenten como fueron esos años, así que, para quienes como yo hemos crecido viendo cómo se desmantelaba esa industria generando un enorme sufrimiento en la zona, poder disfrutar de un cómic que transcurre en esos años es un lujo. Más si tiene la calidad de este, algo que se puede ver desde el maravilloso título hasta una portada arrebatadora y un interior que brilla a gran altura. La historia comienza en el año 1898 cuando aparece el cadáver de una niña dentro de un saco de carbón cerca de Gallarta. Mientras vemos como tres niños, Niko, Lina y Pablito, están en Portugalete donde Pablito sufre un grave accidente y su hermana pequeña Lina desaparece sin dejar ningún rastro. Quince años después Pablito trabaja como conserje en el Hospital Minero de Triano empleando sus ratos libres investigando los asesinatos de niñas que llevan años produciéndose por la zona en la creencia de que el responsable al que llaman El Carbonero y que no ha sido descubierto en todos esos años también se llevó a su hermana Tomando como base una trama que se podría considerar como un thriller con elementos de investigación policial Harriet y Varela construyen una historia llena de capas que también nos permite ver cómo eran las condiciones de vida de la época. Un tipo de historia que es en el que mejor se nueve el veterano guionista como hemos podido ver durante toda su carrera con ejemplos como La marca de la bruja (Harriet ediciones), Vergüenza y Olvido (Harriet ediciones) o Dragones de frontera (Harriet ediciones) y que lo emparenta con trabajos de otros autores como la serie Contrapaso de Teresa Valero.En la obra se entremezclan sucesos y algún personaje real como el doctor Enrique Areilza con otros creados por los autores como el fantástico elenco de los personajes principales. Una mezcla entre realidad y ficción que permite que la obra se convierta en una precisa radiografía de la época gracias al enorme trabajo de documentación. Una labor que se puede observar tanto en el guion como en un dibujo que consigue trasladarnos a una época de contrastes entre los entornos naturales y los industriales. Entre la luz y la oscuridad. A través de las peripecias de los protagonistas podemos ver el enorme poder que tenían los dueños de la industria y los primeros conflictos laborales que darían lugar al sindicalismo. Una herramienta indispensable para proteger al trabajador de los desmandes de los dueños de las fábricas. La relación entre Pablo y Jacinta, una joven enfermera hija de uno de los dueños de las minas, nos permite ver como las elites trataban de no mezclarse con las clases más bajas. Ella se convierte en la puerta de entrada de Pablo, y la de los lectores, a los ambientes más clasistas de la zona, de forma que tenemos un panorama completo de la sociedad de la época y sus conflictos de clase, pese a que la sangre de todos ello tiene el mismo sabor. Como es habitual Harriet firma un guion con un ritmo muy bien medido que sabe los momentos en los que toca pararse y en los que toca acelerar equilibrando muy bien las diferentes capas de la historia con espacio para el romance, el retrato social y la trama detectivesca. A lo largo de la historia vemos cómo va introduciendo de forma sutil elementos que hacen avanzar a la trama hasta su resolución final. Es posible que los lectores más avezados pueden encontrar algún giro algo previsible, pero estamos con un guion que partiendo desde lo más clásico del género sabe ofrecer una visión moderna. Algo que se ve principalmente en Jacinta y Teodora, dos mujeres fuertes y decidas que son las que provocan el desenlace final. Ese retrato de mujeres empoderadas es una de las constantes en las obras de guionista que ya podíamos ver en sus cómics de los años ochenta como también es tener unos diálogos muy bien pensado y su capacidad de dejar que sea el dibujo quien cuente la historia sin caer en abuso de textos que solo sirven para dejar la sensación de esta ante un cómic sobreexplicado, uno de los grandes problemas de la ficción actual. Ellas no son los únicos personajes bien construidos de un elenco muy coral, ya que todos los que aparecen en la obra tienen un sentido están representados de forma muy realista. Un realismo que es uno de los grandes aciertos del cómic, ya que no encontramos ningún atisbo de personajes heroicos, simplemente son humanos. Quizás el responsable de los secuestros puede resultar algo más arquetípico. La excelente labor que realiza Harriet no es una sorpresa para quienes hemos leído sus trabajos previos. En cambio, el trabajo de Carlos Varela ha sido toda una sorpresa, ya que se ha prodigado muy poco en el cómic y cuando lo ha hecho ha sido con cómics con un estilo diferente. Lo primero que hay que agradecer es la decisión de publicar el cómic en blanco y negro, ya que es algo que permite apreciar el enorme y minucioso trabajo que ha realizado a los lápices y tintas con un gran uso de los claroscuros que llenan la obra de una atmósfera muy especial donde el humo y la oscuridad se convierten en el perfecto caldo de cultivo para el misterio. Cualquiera que conozca lugares señeros de Portugalete o Bilbao se encontrara con una visión muy realista de cómo eran hace más de cien años, pero también con todo tipo de maquinaria, ropas y lugares más desconocidos. Un conjunto que es la prueba visible de ese enorme trabajo de documentación del que hablábamos con anterioridad. Pero todo este enorme trabajo está al servicio de la narración destacando la enorme capacidad para recrear tanto el lluvioso clima del norte como esas atmósferas insalubres de los diferentes lugares de trabajo que nos permite sentir todo lo que sufrían quienes trabajaban allí. Esa capacidad para reflejar las emociones de los personajes está potenciada por un estilo caricaturesco con mucho de dibujo animado, no hay que olvidar que Varela se ha dedicado durante muchos años a la animación de forma profesional. Una característica que los convierte en realmente muy expresivos, quizás alguno este demasiado caricaturizado reflejando demasiado de su personalidad. La combinación de escenarios realistas con personajes caricaturescos amalgama a la perfección haciendo de la lectura todo un placer que además narrativamente resulta impecable. El diseño de páginas y viñetas hace que la historia fluya con enorme facilidad haciendo que cualquiera se pueda acerca al cómic. Un trabajo de una enorme altura que esperemos tenga continuidad en el futuro. Como es habitual la edición de Harriet cuenta con una gran reproducción y un diseño perfecto con lomo en tela. Como extras nos encontramos con varios textos que sirven para conocer la génesis del cómic y contextualizarlo, aunque se entiende a la perfección si necesidad de leerlos. Con Toda la sangre sabe a hierro Harriet y Carlos Varela firman un cómic de factura clásica, pero convenientemente actualizado que sabe mezclar una trama de investigación de unos asesinatos y secuestros con la crónica social y el romance. Una lectura absorbente que nos transporta a principios del s. XIX y nos cuenta como se forjaron las ciudades industriales a las orillas de la Ría de Nervión. Lo mejor• El reflejo de la sociedad de la época desde diferentes puntos de vista.• El equilibrio entre todas las capas de la historia.• El dibujo de los escenarios y maquinaria.Lo peor• El diseño de algun personaje puede anticipar algún giro de guion.