Buscar la verdad es el camino más seguro para encontrar lo que nos es útil. La verdad tiene más peso real que el error, aunque tanto la verdad como el error existen y nos afectan. El filósofo Francisco Suárez decía que la verdad es algo que pertenece a las cosas mismas, a lo que existe de verdad. Por eso la universidad tiene una doble vida inseparable: por un lado es un lugar de contemplación, donde nos preguntamos qué son las cosas y por qué son como son; por otro lado es un taller, donde transformamos ese saber en herramientas y soluciones. Sin la primera, la segunda no tiene fundamento. Sin la segunda, la primera se queda en el aire.Vale la pena recordar esta doble alma de la universidad pública europea justo ahora, cuando enfrenta dos peligros serios: el primero es convertirse en una simple tienda de títulos al servicio del mercado; el segundo es quedar dominada por una inteligencia artificial privada que solo sabe hacer cosas pero no sabe por qué las hace, una ciencia sin preguntas, sin curiosidad, sin alma. Suprimir la parte contemplativa de la universidad es robarle a la humanidad su fuente más profunda de conocimiento, que no nace solo de los libros o de las pantallas, sino de la inteligencia compartida entre personas, animales, plantas y ecosistemas a lo largo de generaciones.No se trata de tener miedo a las máquinas ni de rechazar la tecnología. Se trata de encontrar el lugar que le corresponde a la inteligencia artificial dentro de esa doble misión de contemplar y fabricar. Una IA al servicio público puede ayudar enormemente, pero solo si la usamos con la capacidad más humana de todas: la de pensar sobre nuestro propio pensamiento, la de preguntarnos si lo que sabemos es realmente cierto y para qué sirve. El reto no es cambiar la universidad sino profundizar en lo que siempre ha sido: un lugar donde se piensa con rigor y se actúa con sentido.¿Qué cambios concretos traería una IA bien usada a las aulas? ¿Volvemos a memorizar? ¿Eliminamos los trabajos escritos en casa? ¿Desaparece la clase magistral? La respuesta es sí y no. Hay usos de la IA que pueden servir a cualquier carrera y a cualquier asignatura:(a) Recuperar la memoria, pero de otra manera. No para demostrar que uno sabe repetir lo aprendido, sino para mantener en forma la capacidad de recordar, de calcular mentalmente, de retener experiencias. Como quien hace ejercicio no para ganar una carrera sino para mantenerse sano.(b) Tocar las ideas. Con nuevas tecnologías como los guantes hápticos podemos hacer que los estudiantes "sientan" con las manos conceptos abstractos, estructuras invisibles, partículas diminutas. Aprender con el cuerpo, no solo con la cabeza.(c) El aula sin pantallas. La clase debe ser un espacio protegido del ruido digital, donde solo cuentan las palabras del profesor y del alumno. Paradójicamente, apagar los dispositivos dentro del aula es la mejor manera de aprender a usarlos bien fuera de ella.(d) Aprender a conversar con la IA. No para que ella piense por nosotros, sino para que nos ayude a construir ideas propias, a poner a prueba nuestras hipótesis, a ver los puntos débiles de nuestros argumentos.(e) Conocer las entrañas de la IA. Saber cómo funciona, qué sesgos tiene, qué intereses hay detrás. Hacer auditorías críticas de las herramientas que usamos cada día.(f) Usar la simulación por ordenador como laboratorio de ideas. La universidad como un espacio donde se pueden probar mentalmente experimentos que serían imposibles o muy costosos en la realidad física.Pero ¿qué pasa con la evaluación? ¿Cómo sabemos si un alumno ha aprendido de verdad cuando tiene acceso a herramientas que pueden hacer gran parte del trabajo por él?(i) Apostando por el trabajo en equipo, porque el conocimiento siempre se construye entre varias personas y eso no lo puede falsificar ninguna máquina.(ii) Cambiando el objetivo: en lugar de pedir al estudiante que reproduzca lo que otros ya saben, pedirle que proponga ideas nuevas, que formule sus propias preguntas, que construya hipótesis originales dentro de su campo. Y que las defienda en voz alta, ante el profesor, con argumentos propios.OpiniónContar lo que puede contarse: ultrafinitismo contra el productivismo económico neoliberal Francisco Garrido¿Cómo valorar esas hipótesis? Hay ocho cualidades que una buena hipótesis debe tener en mayor o menor medida:1. Que sepa distinguir lo importante de lo secundario dentro de su campo de estudio.2. Que encuentre un buen equilibrio entre lo que dicen las teorías establecidas y lo que nos dice la intuición y la experiencia directa, tal como propone el filósofo J. Rawls.3. Que aporte algo nuevo, que amplíe lo que ya sabíamos en lugar de repetirlo con otras palabras.4. Que sea posible ponerla a prueba, ya sea con un experimento, una simulación o una medición concreta.5. Que sea sencilla. Si dos explicaciones sirven igual, la más simple es la mejor. Así lo decía ya el monje medieval Guillermo de Ockham.6. Que sus conclusiones puedan aplicarse más allá del caso concreto que estudia, que tenga alcance general.7. Que no dependa demasiado de un único conjunto de datos ni sea tan vaga que no diga nada concreto, sino que encuentre el punto justo entre lo específico y lo general.8. Que esté formulada con suficiente precisión como para poder traducirse a un lenguaje matemático o lógico, y que sea capaz de referirse a sí misma, de reflexionar sobre sus propios límites. Esto es lo que los matemáticos llaman autorreferencia, y es la señal más clara de que una hipótesis ha alcanzado un nivel de madurez intelectual genuino.En definitiva, lo que estas páginas proponen es que la IA no venga a sustituir a la universidad sino a hacerla más profundamente ella misma. El profesor del futuro no es quien más sabe, sino quien mejor pregunta, quien más duda, quien más reta a sus estudiantes a pensar por sí mismos. Y el estudiante del futuro no es quien mejor maneja las herramientas digitales, sino quien mejor sabe vivir con la incertidumbre, graduado en la duda metódica, capaz de hacer preguntas tan precisas y tan valientes que abran territorios de conocimiento que todavía no existen. Las máquinas que no dudan se encargarán de la exactitud. Los humanos que dudan se encargarán de la verdad.