Científicos descubren que los primates que viven en sociedades más autoritarias prácticamente dejan de jugar cuando llegan a la adultez. El estudio sugiere que el miedo social puede borrar una conducta clave para cooperar y generar confianza

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Un análisis realizado en 37 especies de primates encontró una relación sorprendentemente clara: cuanto más rígida y agresiva es la jerarquía social, menos juegan los adultos. Para los investigadores, el juego no sería solo diversión, sino una señal profunda de tolerancia, seguridad y libertad relacional dentro del grupo.