Es un hecho que en muchos sitios la inteligencia artificial se mira con miedo, por el empleo, por la desinformación o por el poder que está acumulando en pocas manos Si bien esto parecería estar generalizado, en Anguila la historia es muy distinta. Esta pequeña isla caribeña de menos de 20.000 habitantes se ha convertido en una de las ganadoras más inesperadas del boom de la IA.La razón no está en haber creado un chatbot revolucionario ni en fabricar chips. Está en algo mucho más simple y, al mismo tiempo, muchísimo más rentable: el dominio .ai. Como esa extensión le corresponde a Anguila desde los años noventa, cada vez que una empresa registra una web terminada en esas dos letras, parte del dinero acaba en las arcas del susodicho territorio.El golpe de suerte digital que ha cambiado la economía de AnguilaDurante años, el dominio .ai apenas llamó la atención, pero la explosión de herramientas como ChatGPT cambió por completo su valor. De repente, miles de startups y empresas tecnológicas quisieron una dirección web que las asociara directamente con la inteligencia artificial. Ese cambio disparó los registros y convirtió a Anguila en un caso muy peculiar dentro de la economía digital.En 2023, la isla ingresó unos 32 millones de dólares gracias a las tasas del dominio .ai, lo que ya suponía alrededor del 20% de sus ingresos públicos. Desde entonces, la cifra ha ido creciendo: varios análisis recientes sitúan los ingresos anuales en el entorno de los 70 millones de dólares, y el registro .ai ya superó el millón de dominios a finales de 2025.Ese dinero no se ha quedado en una simple anécdota estadística. El gobierno de Anguila lo ha utilizado para ampliar el aeropuerto, mejorar carreteras, reforzar la sanidad y financiar atención médica gratuita para personas mayores, además de impulsar centros de formación y proyectos públicos. Es una cara muy distinta de la IA frente a otros escenarios, como por ejemplo la enorme riqueza que esta tecnología le está generando a unos pocos gigantes del sector.No es una potencia tecnológica, pero sí una beneficiada muy realLo interesante de Anguila es que demuestra que la economía de la IA no siempre se reparte solo entre Silicon Valley, Nvidia u OpenAI. A veces también aparecen beneficios laterales, casi accidentales, que estaban en el lugar adecuado con el activo adecuado. En este caso, una extensión de internet asignada hace décadas ha terminado valiendo oro en el momento justo.La gran duda ahora es cuánto durará esta “época de oro”. Nadie sabe si el furor por .ai seguirá creciendo al mismo ritmo o si acabará enfriándose. Pero, de momento, mientras medio planeta debate sobre los riesgos de la inteligencia artificial, Anguila ya la ha convertido en una fuente muy real de dinero.