Ni una flor duró dos primaveras ni un árbol se hizo añoso y firme con apenas un otoño de nueva lluvia. Tiende a pensarse en los Patios de Córdoba como en una fiesta de eternidades. Tal parece que basta con tomar las fotografías en blanco y negro y conforme pase el umbral habrá una barrida mágica que bañe de colores y realidad lo que parecía arqueología. Sin cambios. Sin evolución. Sin haber crecido. Y nada más lejos de la realidad, porque casi todos los Patios de Córdoba se hicieron a sí mismos a lo largo de muchos años. Incluso los que hace más tiempo que concitan las miradas tuvieron una primera vez en que sus árboles eran jóvenes, sus paredes... Ver Más